sábado, 31 de julio de 2021

El ‘efecto’ Vladimir(o)

En esta ocasión no me perderé por los cerros de Úbeda, directamente traslado el golpe de l teclado en dirección a los cerros de Cabras, Amotape y a uno cuyo nombre no parece el más apropiado para los tiempos que están por venir: el cerro Viva Perú.Y sí, esta reflexión se instala en la patria de César Vallejo.

No obstante, y como no soy un tipo perfecto, entro en materia usando una de esas frases literarias que han pasado a la historia: ¿”En qué momento se había jodido el Perú”?, producto de otro escritor peruano no menos conocido, Vargas Llosa. 

Pero aquí no queda el asunto, puesto que a ese interrogante que lanza el Santiago Zavala de Conversación en La Catedral mientras observa el paisaje y paisanaje de la limeña avenida Tacna, y en un acto de atrevimiento jamás visto, le aplico un golpe fronto-lateral con aire chipionero que transformado en afirmación dejo al pairo de ese árido clima que envuelve a la metrópolis: Perú se acabó por culpa de tanto Vladimiro.

Me explico

Resulta que quien fuera asesor (hombre de total confianza, muñidor de asuntos varios e ideólogo de otras tantas miserias del ex presidente Alberto Fujimori prisión por violación de derechos humanos, corrupción o malversación de caudales públicosque también reside en el ‘hotel las rejas’ condenado por algún que otro ‘exceso’ como fue la matanza de Barrios Altos, responde al nombre de Vladimiro Illich Lenin Montesinos Torres. 

Y antes de que usted se pregunte adónde quiero llegar, le informo que quien maneja las riendas del inútil de Pedro Castillo, recién estrenado presidente del Perú, resulta que fue bautizado como Vladimir Roy Cerrón Rojas, un tipo éste, cuyo padre fue miembro de Sendero Luminoso a quien el Ejército peruano pasaportó a otra dimensión, y de quien se afirma –de Cerrón- que es un hombre con ciertos ramalazos que recuerdan al padrecito Stalin. 

Dicho lo anterior, alguien podría gritar escandalizado amén de señalar con el dedo índice de alguna mano a este humilde periodista, acusándolo de demonizar a todo aquel que se llame Vladimir(o)Nada más lejos de mis intenciones, puesto que yo conocí al dueño de un bar que se llamaba Vladimir quien casi siempre me atendió con una sonrisa, hasta que un día me cansé de ese puñetero gesto rebosante de hipocresía soviética y trasladé mis finanzas para el asueto espirituoso a un lugar con mejor clima.

Regreso a Hispanoamérica

¿Este segundo Vladimir será el responsable de que la República de Perú se vaya deslizando hacia el agujero marxista-leninista de la historia reciente? ¿Insinúo que el nombramiento de los miembros del Gobierno no sólo no presagia nada bueno, sino que algunos analistas cuentan que, por ejemplo, el flamante Primer ministro resulta un ser humano algo refractario al sistema democrático y gran admirador de Sendero Luminoso, ese grupo terrorista de inspiración maoísta (joder, y ahora llega la pregunta retórica: ¿Realmente alguien se puede sentir atraído por el psicópata chino?) que sembró el terror en todo lo que tocaron. ¿Es posible que los dólares hayan empezado a fugarse con rumbo desconocido?, porque no hay nada más miedoso que el dinero, más si cabe cuando la burricie representada por Castillo dejó caer que pretendían nacionalizar (robar) los fondos de pensiones.

Sea lo que sea (que seguro, será) el efecto Vladimir(o) ha vuelto, no a la Casa de Pizarro, hasta ahora la residencia presidencial, pero sea cual sea el echadero elegido por estas mentes privilegiadas, seguro que ofrecerán grandes momentos inolvidables con sus patrias y sus muertes, que siempre –oh casualidad– son las muertes de los otros.


domingo, 18 de julio de 2021

Consonante ultraperiférica

No tengo la menor duda y si la tuviera no soy consciente de ella, que cada región puede presumir de contar entre sus hijos ilustres con lo más granado de la corrupción territorial, pero en el caso de que alguien se mostrara en desacuerdo con esta afirmación, sería de agradecer que los mosqueados abrieran puertas, ventanas, cajones, baldosas, losas de hormigón e informes actualizados de la Unión de Bancos Suizos (y de paraísos fiscales) donde confirme que el susodicho no tiene ni ha tenido –al menos que ellos recuerden (a los suizos me refiero)– ni un céntimo de euro en alguno de los bancos que jalonan la geografía helvética, islas del Canal y territorio continental de Norteamérica.


Como esta reflexión no tiene intención alguna de ser un ejemplo enciclopédico del ecosistema en el que habitan los ladrones de todo pelaje, me limitaré a hacer un breve comentario centrando el mismo en Canarias. Sí, en ese archipiélago atlántico que usted conoce de oídas: da igual sin nació en él, reside de forma accidental o lo ha sobrevolado cuando se dirigía a dónde sea que fuera. 

Estas líneas vienen a cuento tras recordar que durante mucho tiempo dos políticos de idéntica consonante inicial, llegaron a convertirse en los capos del establo que llegó a ser –y así continúa– la gestión de la cosa pública que se hacía y se hace entre las grietas volcánicas de estos peñascos. Ellos lo fueron todo, cortaban todo el bacalao; desmenuzaban hasta el último rincón del presupuesto público –se llama dinero de los contribuyentes–; no se les escapaba vivo ningún asunto, lo mordían todo; influyeron con sus actas de diputados regionales en la composición del Gobierno canario. Han sido condenados a penas de prisión, a devolver el dinero, a esto y a lo otro, que diría el poeta. Recurso va, recurso viene…

Pero siendo ellos casi el ejemplo paradigmático de lo que es convertirse en un pequeño dios, no parece que sus pesares con la ley haya amedrentado a esos que están a verlas venir.

Decía que estos tipos comparten consonante, no así un veterano de largo recorrido que tras pasar un ligero calvario y abandonar la organización en la que pació tan alegremente, recuperó el tino y volvió a la carga. Ahí está, tan ricamente pactando y sonando. Ahí anda, dejando caer, bueno más bien, estampando contra la cúpula celeste, sus intenciones de dar el gran salto y enroscarse en la poltrona regional. A tal fin, ha comenzado su ronda de encuentros con lo más granado –entiéndase la ironía– del panorama chaquetero macaronésico con el fin, siempre noble, de alcanzar las tan necesarias alianzas que, llegado el caso democrático, impulsara sus posaderas rumbo a las sedes (que en Canarias somos muy originales y generosos con el dinero ajeno, y en lugar de uno, tenemos dos echaderos presidenciales en Tenerife y Gran Canaria, respectivamente) de la Presidencia regional. 

Dice el líder periférico, que él pretende expandir su proyecto político al resto de las islas y claro, me viene la risa y el recuerdo se me llena de las Agrupaciones Independientes de Canarias allá por las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX, uno de los inventos más nefastos y repugnantes que han pululado por las urnas canarias. Un ejemplo de lo peor del insularismo recalcitrante –no existe el insularismo progresista, lo digo para evitar ataquitos– que destrozó a esta región. 

¿Quiénes serían los compañeros de esta travesía, que desde la ultraperiferia iría hacia el centro y de allí cual núcleo cegador, se irradiaría a todas partes? Bueno, pues ‘visto’ lo oido y como apunté más arriba, tipos ex, o sea, individuos que han estado allí, luego más acá; se han pasado un rato, luego que ni allí ni acá y ahora valoran desplazarse hacia allá o hasta aquí. 

En fin, esto irá tan rápido como veloz sean los acuerdos que se concreten y que siempre giran en torno a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, aspecto éste que va desde asegurarse la consejería tal, la viceconsejería cual o la dirección general tal cual. Y una piña asada.

miércoles, 14 de julio de 2021

El Estado adormidera

El 25 de junio publiqué https://cutt.ly/ImFJay5, un artículo en el que reflexionaba en torno al triste papel que está desempeñando Felipe VI en estos momentos tan cruciales para la historia de España. 

Lejos de mejorar, la situación ha ido empeorando con tal rapidez que dieciséis meses después del inicio de eso que han dado en llamar pandemia, nos encontramos con un Estado más debilitado y una parte de la sociedad adormecida, aterrorizada y dispuesta a tragar lo que sea que ordenen las supuestas autoridades que, dicen, sólo legislan teniendo como horizonte el bien común, claro está que habría que dilucidar dónde sitúan la línea curva por la que aparece el Sol.

Que el título de esta pieza sea el que es y no otro más acorde con el compadreo que caracteriza el panorama periodístico nacional –casi invento el término necional– resulta de la observación del entorno, que en estos meses ha pasado de mostrar que la sangre corría por sus venas (al menos hasta febrero de 2020), hasta convertirse en una especie de sesteo permanente a la manera de los efectos que causa el consumo de la adormidera, diría que España se ha convertido en un fumadero de opio como aquellos que destrozaron a los chinos del siglo XIX. Y no parece que vayamos a sublevarnos, al menos esa pinta tiene cada vez que paseo por las calles de mi ciudad y observo que más del noventa por ciento de mis convecinos no se quita el bozal ni para tomar un café. El miedo ha hecho mella, el pánico al supuesto virus maldito ha conseguido adormecer. Hemos pasado del viejo latiguillo que sesenta años atrás hacía las veces de verdad absoluta: “Lo escuché en el parte de Radio Nacional”, al gesto serio de quien se siente informado y convencido de estar siendo tratado como un adulto: “Dice la web del Gobierno que quienes no se vacunen pueden matarnos”. Y entran unas ganas terribles de dormir porque ellos se sienten unos buenos ciudadanos comprometidos con la salud de todos, no como esos desgraciados que van sin mascarilla, denuncian que los hospitales están más vacíos que un puticlub decimonónico –quién sabe– y encima gritan exigiendo libertad y derecho a moverse por su país. ¡Una locura!

¿Continuar dormidos?

De nada sirve que el Tribunal Constitucional haya decidido emitir su fallo en torno a la legalidad del estado de Alarma de 2020 con un ligero retraso que sólo alcanza algo más de doce meses; de poco sirve que ese fallo haya sido contrario a los deseos del Gobierno, pero únicamente un poco, dado que los magistrados han concluido que esa inconstitucionalidad es sólo de la puntita nada más, que el resto es todo Carta Magna. ¿Resulta un triunfo?, hombre, tampoco seré yo el primero en ponerme exquisito y gritar ¡Farfala Vendetta! emulando al vástago del Actor secundario Bob. Es una patada en la entrepierna monclovita que ha rozado el huevo izquierdo del psicópata que allí reside, pero de ahí a ser la señal definitiva que lleve a esta gente a suplicar el perdón, va un barranco por el que, estoy convencido, no se lanzaría niel muñidor con peluquín.

España va camino de un desastre y tal afirmación no requiere ser un tertuliano de amplio espectro; esta vieja nación se está enfrentando a su destrucción con la anuencia de una gran parte de la población atrapada entre los segundos sofocos del estío y el goteo perverso de una información manipulada que habla de muertos, olas, cepas y ceporros. Y por esas casualidades históricas, la que fuera la perla del Imperio, Cuba, esa isla que tanto tiene que ver con nosotros, con algún abuelo que fue y en algún caso no regresó, se ha levantado ante la tiranía, aunque el final de momento sea una incertidumbre.

Me gustaría que los españoles –no sé cuántos– fuéramos capaces de dar un golpe en la mesa y salir del sopor; de gritar más allá de la pantalla del ordenador, incluso, de salir a la calle que ya es hora, porque la dignidad jamás se podrá defender siendo un chivato 'covidiano', un indolente del a ver qué pasa o un oráculo con la cabeza pegada allí mismo.

La elección pasa por continuar durmiendo o despertar de esta puñetera pesadilla de la que no podemos culpar a nadie que no seamos nosotros. El dedo acusador pasó a la historia.


viernes, 25 de junio de 2021

La orquesta del Titanic no flota

Cuenta la historia que mientras se hundía, para emerger años después –su historia, que no el armatoste– la orquesta del Titanic se dio a la interpretación de variadas melodías con el admirable propósito de levantar el ánimo de todos aquellos que en cuestión de minutos dejarían de respirar, mientras que los afortunados que lograron una plaza en los escasos botes salvavidas, se 'entretenían' a la espera de los rescatadores cagándose en la madre que parió al astillero irlandés, al armador y a todos esos cabrones que desde el puerto y agitando pañuelos, jalearon el inicio de la primera y única (casi) singladura del famoso portento tecnológico. 

Sin embargo, la intención de esta reflexión no es comentar el archiconocido desastre; el asunto que me ocupa es una hecatombe que centraré en una fecha: 22 de junio de 2021, día que el Consejo de ministros eligió para aprobar los indultos a esos nueve golpistas catalanes encarcelados (porque hay más fuera de control). 

¿Y qué tiene que ver la orquesta del Titanic con la felonía gubernamental y el comportamiento de Felipe VI? 

Me explico. 

Sin entrar en las entretelas históricas –asunto que verán que no puedo evitar–, estoy convencido que muchos españoles albergábamos cierta esperanza de que el Rey moviera su real trasero en un momento histórico, y ahora sí tiene sentido usar el adjetivo. Mas cuando veíamos que nada se movía y la amenaza del indulto iba tomando cuerpo, por una de estas bromas que están agazapadas esperando el instante, he aquí que aparece el oportuno artículo https://cutt.ly/5mqgBF8 de Mario Condesí de ese mismo individuo, en el que descubrimos que el Jefe del Estado disponía de una posibilidad constitucional para dejar constancia de su parecer en un asunto capital. Y resulta de tal gravedad porque la nación está al borde (recordemos su intervención en TVE el 3 de octubre de 2017) de la ruptura y que tal como indica el artículo 56 de la Constitución"El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones"...

Pues bien, teniendo en cuenta que hace cuatro años se mojó como no podía ser de otra manera, qué menos que hiciera algo similar en un momento tan crucial. Y con esos mimbres, a pesar de las interpretaciones en torno al artículo 62 i) CE, muchos nos reunimos en la cubierta de la nave (España) confiados que al contrario de lo acaecido en el evento histórico, el capitán daría un paso al frente aunque en el peor de los casos se limitara a una simple pose, y dábamos como un acto de pura coherencia que remitiría una misiva solicitando al Presidente del Gobierno que éste le invitara a presidir el Consejo y así dejar constancia de su posición, sobre todo ante los ciudadanos. Pero desgraciadamente el Rey guardó silencio y se limitó a rubricar cada uno de los nueve indultos, a continuación se enfundó un traje de gala y partió rumbo a cierta entrega de premios. Aprovecho el momento para recordar este artículo https://cutt.ly/JmqckU1 firmado por Jorge Sánchez de Castro, en el que hace un brillante análisis de la situación que ocupa estas líneas.

Que sí, que sí, De acuerdo que el monarca tiene limitadas, Carta Magna mediante, sus funciones y que cada uno de sus actos deben ser refrendados por los miembros del Ejecutivo. De acuerdo con la evidencia que esta es una Monarquía parlamentaria. Cierto es que su papel es meramente institucional –y decorativo a la manera de un florero–, pero… Pero vuelvo a recordar lo que dice el artículo 56 de la CE busco su arbitraje en el conflicto abierto entre el Poder Ejecutivo y el Judicial representado en la figura del Tribunal Supremo que en su escrito en el que rechaza tajantemente la concesión del indulto parcial o total, afirma que tal medida es una “solución inaceptable”¿Cree usted que el asunto es grave?. ¿Existe o no existe un conflicto? Y por tanto, ¿No era esta la oportunidad para que el Rey interviniera en el mismo en los términos que establece la legislación? Pues nuestro gozo a un pozo. Silencio en La Zarzuela (Madrid). Asesores en Babia (León). Los salarios, a final de cada mes.

Mal fario

Confieso que no soy amigo de las supercherías, pero si hay que volverse ‘creyente’ coyuntural así sea aunque en tal empresa me vaya la corona, una corona española que ha cubierto varias testas cuyo recuerdo no provoca grandes alegrías. Y es que si hubiera que hacer un balance de lo que ha significado la llegada de los Borbones a España (año 1700), no veo que el resultado sea positivo y para ello me limitaré a recordar a Fernando VII, ejemplo de lo que significa ser un traidor; Alfonso XIII y su querencia con el golpe de Estado protagonizado por el general Primo de Rivera. Luego tenemos a Juan Carlos I –campechano él y creador de un nuevo verbo: Borbonear– y todas esas cositas que hemos ido descubriendo gracias a un elefante. Y cuando pensamos que esto podría mejorar tras algunos gestos de Felipe VI, resulta que el joven decide tomar partido por uno de los bandos en lugar de hacer efectivo su papel mediador en el conflicto que señalo más arriba. Creo que con ese comportamiento, el Rey se ha disparado en el pie –Froilán, tú eres único– pero el impacto del proyectil lo hemos sentido los españoles que no somos partidarios de las alucinaciones decimonónicas, ni de los paños calientes y mucho menos estamos a favor de una sola cesión de la soberanía nacional. 

Pero como no soy una inocente criatura…

No obstante lo dicho, sería conveniente no pasar por alto que el monarca exhibe en sus chaquetas la famosa insignia circular y multicolor, en el lugar donde –romántico que soy– si algo debería lucir qué mejor que la enseña nacional, esa misma que cada día abandona unos centímetros la parte más alta del mástil y de la que tiran algunos que entre lágrimas afirman defenderla hasta el penúltimo aliento. Y digo más: Si los afectos requieren el fuego lento del tiempo para asentarse, la desafección se mueve a una velocidad que no supera ni el mejor de los AVE, incluso si éste llegara hasta Roma Termini.

Podríamos ahondar en el subsuelo del intríngulis, rebuscar entre ajados legajos, añoranzas austriacas o los desaires que padeció el italo saboyano, ítem más, aprovecho el instante para dedicar un breve recuerdo a Estanislao Figueras y su cabreo genital. 

En fin… esto se acaba

Al día siguiente, el 23 de junio,y tras una larga noche impregnada de melodías del ayer y hoy, llegó la confirmación 'real' del hecho rubricado, así que visto el desenlace, los miembros de la improvisada orquesta del Titanic hispano guardaron los instrumentos, introdujeron las partituras en las respectivas carpetas y mirando al horizonte mientras hacían glúglú acompañado de un tímido chofarticularon dos palabras: Adiós, Felipe. 

jueves, 27 de mayo de 2021

Y una conjunción, pero…

Muchos españoles habitamos el espacio reservado a la zozobra permanente mientras otros, los menos o el porcentaje que usted considere aceptable, transitan esta vida al son de timbales respetuosos con el medio ambiente. Y un oso polar.


Esos que por ahí andamos, vemos con cierto estupor, cabreo y justa indignación, el ascenso hasta lo más alto del acantilado a un grupo de trileros, que risueños, se afanan en una misión consistente en dilapidar nuestros recursos mientras gritan que debemos almacenar todas las nueces, almendras y bayas posibles, pero sin excedernos, so pena de acabar con las existencias. Y un labrador.


Tenemos como seña de supervivencia el hambre ajena que creímos lejana y a la que dedicábamos unos minutos tras el postre y antes de la copa de coñac, el puro y la sesión de fornicio debidamente autorizado. Pero llega el pero, y con esa maldita conjunción adversativa acuden a la llamada unos miedos que a poco que no se atiendan las señales, sueltan esfínteres y arruinan antiguos prestigios. Y esto no pinta bien.


Llega el final sin apenas dar tiempo al qué dirán preocupados hasta arriba por saber si la decisión ha sido y podría haber sido. Concluye el instante que pensamos eterno con esas maneras que tiene el infinito, siendo como es, tan predecible por finito. Pero claro, ¿Quién es el valiente idiota que levanta la mano y dice algo entendible, con sustancia? Bah, ñoñerías. Y uno, dos y tres…

lunes, 18 de enero de 2021

Más que un lugar

No hablaré de dos personas valientes, no escribiré sobre dos seres humanos con resiliencia; no usaré este espacio para loar el empeño en resistir el asalto a la aldea por parte de unos bárbaros que afirman, sin rubor alguno, que asedian tu propiedad por el bien común.

No escribo para endulzar los oídos de propios o extraños, ni mucho menos para concitar el aplauso o buscando algún tipo de autoafirmación hija de cualquier manual de ayuda adquirido en una gasolinera en una noche de tormenta.

¿De quiénes hablo, qué han hecho, qué hacen y por qué lo cuento? 

Hace más de cinco años, allá por el lejano mes de abril de 2015, se puso en marcha un espacio para el ocio nocturno, que transformando un garaje dio a luz Un lugar en el que se fueron congregando gentes con ganas de saborear una amplia carta de cócteles amén del resto de bebidas espirituosas por todos conocidas. Un quinquenio que sí tenía un plan: convertirse en un bar con un toque especial. Desde aquella pequeña biblioteca que daba la bienvenida al visitante (quién sabe si tiempo después, ya transformado en un amigo), un mobiliario original, simplemente cómodo… y al fondo, pero siempre muy cerca, las figuras de Lici y Cintia; recuerdo a la primera atendiendo en la sala y tras la barra, que no parapetada, Cintia manejando botellas y vasos, y allí, sus respectivas sonrisas. 

Trabajo y más trabajo,. Año tras año. Aguantando los altibajos, soportando con estilo al imbécil de turno; disfrutando de los amigos, de la empatía, una cualidad, ésta última, de difícil aplicación, porque no todos están dotados con las armas precisas y a veces, ni siquiera aprecian el trabajo que realizan: Ellas, sí, tanto lo uno como lo otro. 

Aniversario va, aniversario viene hasta que llegó 2020, doce meses que se presentaban con el orgullo del quinto año –porque no hay quinto malo– o eso creíamos hasta que en marzo tuvieron que cerrar. Y transcurrieron los meses sin ingresos, tirando de la hucha, estirando de lo ahorrado con el esfuerzo de las horas alumbradas por la luna, por la iluminación del local, por el gusto del trabajo bien hecho. Llegó la reapertura cargada de restricciones y ellas a darlo todo: sonrisas, calidad, calidez y trabajo. Unos meses apretando, apurando hasta que entendieron que su apuesta, visto el panorama, no daba más de sí. ¿Nos vamos, cerramos y buscamos otros lugares donde poder respirar? Pensaron, analizaron los pros y despejaron los muchos contras. Ni un paso atrás, se dijeron. ¿De qué nos habría servido haber llegado hasta aquí?

Y surgió Un lugar para tomar café, para trabajar o simplemente pasar el instante. Se acabaron las noches, se espantaron las miasmas, que como viejas gruñonas, pretendían entorpecer sus vidas. Nuevos aires ocuparon la superficie conocida, poco a poco llegaron gentes con sus trastos electrónicos, ocuparon las nuevas mesas, saborearon los cafés; disfrutaron de un nutritivo desayuno… Pero algo ocurre, pasa algo que nos ha devuelto la zozobra. Tienen que cerrar como otros cientos de negocios porque así lo ha decidido quien vive cómodamente en su amplio despacho oficial ¿Ayudas a estos pequeños empresarios que han empeñado hasta las cejas? La pregunta se pierde entre los pliegues de los informes sanitarios y entre los silencios vergonzosos.

Se llaman Cintia Lici, son dos empresarias, pero también se han convertido en amigas. ¿Recuerda que escribí sobre tal posibilidad? Pues no era para llenar un espacio. No sé cómo terminará este infierno, pero quiero pensar que ellas serán capaces de sostener las cuadernas de su embarcación… siempre y cuando no les nieguen el océano que tan bien las conoce.



miércoles, 30 de octubre de 2019

Malditos paralelismos regionales

Somos testigos del embelesamiento colectivo de una gran parte de los ciudadanos de Andalucía, Cataluña y Canarias durante cuatro décadas como si fuera el fruto del azar


Podría ser el argumento para un monólogo o el motivo de carcajadas en un asadero pero lo que viene a continuación es una especie de ajuste de cuentas contra ese grupo de xenófobos que se jactan de ser una raza superior, el pueblo elegido y únicamente son otros tantos ladrones al igual que el resto que pulula por el resto de España.Y sí, cualquier parecido con la realidad está relacionado íntimamente con esa forma de entender la gestión de la cosa pública como si fuera la administración de una finca de titularidad privada o una oficina de empleo. De una multipropiedad, que contrariamente a la definición que encontramos en el diccionario de la Real Academia: Condominio de un inmueble, cuyo disfrute está restringido a periodos determinados.”, es una alegría permanente por cuyos agujeros se cuelan ingentes cantidades de dinero público en dirección a los bolsillos de una rehala de miserables, que cuando son pillados con las manos en la masa, despliegan el archiconocido discurso de la presunción de inocencia, mientras facturan los penúltimos fajos de billetes a los paraísos fiscales que rebosan luz y calor tropical.
En esta pieza podría dedicar un espacio e irme hasta principios del siglo XX, hablar del papel que jugó el nacionalismo catalán durante la Guerra Civil, la cantidad de amor demostrado hacia la Dictadura, y otros tantos juegos de salón antes y durante la Transición hasta desembocar en el golpe de Estado de 2017 y la sentencia de octubre de 2019, pero me limitaré a lo que sigue que no es moco de pavo.

Aunque no soy muy dado a culpar de nuestros males a fuerzas externas con residencia en algún averno reconocido como tal, no me equivoco al afirmar que somos testigos del embelesamiento colectivo y la complicidad, por activa y por pasiva, de una parte nada despreciable de ciudadanos de Andalucía Cataluña durante cuatro décadas como si fuera el fruto del azar democrático, hasta el punto que el dispendio sistemático de miles de millones de euros, los cientos de funcionarios públicos por elección directa, con sus correspondientes familiares y amigos que se han beneficiado del cargo para incrementar su patrimonio, o los juicios habidos y los que están por celebrarse, –si la causa no prescribe–, se han transformado una especie de yogur que se olvida en el fondo de la nevera que ha provocado menos manifestaciones, algaradas callejeras o cabreos en la barra del bar, que las organizadas por el descenso de categoría de algún equipo de fútbol. Visto así, no exagero si afirmo que en esas dos regiones españolas se ha instalado una versión del peronismo que como todos (casi todos o algunos) sabemos, tiene una gran debilidad por subsidiar al pobre, socorrer al lloroso y enriquecer sin límites al repartidor de las ayudas.

De entre los diecisiete reinos de taifas que conforman el Estado autonómico existe una región, –hay alguna más, pero tendrá que esperar su turno–, regida por un grupo de elegidos ungidos con un tipo de afeite del que se desconocen los ingredientes, que llevan casi cuarenta años reclamando su singularidad histórica y señalando con el dedo a todos los demás que, afirman ellos, viven del sudor que sólo el trabajo duro hace brotar de las frentes barradas. Dicen sin despeinarse, que los demás no pueden tener idénticos beneficios porque son territorios con una historia poblada de gentes con taras genéticas y múltiples episodios tétricos. Que ellos, el pueblo elegido, atesora descubrimientos que harían temblar al más valiente de entre todos los valientes; que poseen el arca de la alianza que ríase usted del Templo de Jerusalén, que son la luz que alumbró el camino que nos ha traído hasta aquí. Mas de todos los reinos señalados por su dedo inquisitorial, el que mayor inquina levanta entre sus huestes como ejemplo de los infinitos males que padecen, se llama Andalucía.

Conozcamos el jardín

Estoy convencido de que llegados a este punto, más de un lector habrá exclamado ¡Malditos paralelismos fruto de una mente enferma!, ¿qué diablos tendrá que ver Cataluña con la región sureña, un lugar ajeno a la infección nacionalista? Vayamos al grano.
Andalucía ha sido gobernada por el PSOE durante cuarenta años y Cataluña, salvo un par de accidentes, lleva la misma cantidad de tiempo sujeta al control nacionalista. En el noroeste, y fruto de algún embrujo digno de estudio, la inmensa mayoría de españoles estábamos convencidos que allí se concentraban todas las esencias europeas de las que eran huérfanas el resto del territorio nacional, amén del espíritu de sacrificio, la bondad y esa palabra tan repetida: el seny. No obstante y para ubicar el asunto que ocupan estas líneas, me referiré a dos fechas que entiendo como el núcleo de todo lo que ha venido después, siempre y cuando, el lector asuma como una verdad irrefutable que antes de eso, Cataluña, instituciones públicas y empresas mediante, eran el paradigma del cielo en la Tierra y el resto de la nación, una anomalía histórica. 

A por las fechas

El calendario señalaba el día 27 de enero de 2005 cuando un estruendo desbarató la rutina de los habitantes del barrio barcelonés de El Carmelo en cuyas tripas, –las del barrio–, se llevaban a cabo las obras de la Línea 5 del metropolitano de la Ciudad Condal. La otra fecha a tener en cuenta es la del 24 de febrero de 2005. Aquel día el Parlamento regional celebraba una sesión para abordar el desastre del socavón, cuando en un momento determinado, Pascual Maragall, el entonces presidente de la Generalidad, espetó a los diputados de Convergencia y Unión, –por ahí estaba Artur(o) Mas,: Ustedes tienen un problema y este problema se llama 3%”. Todavía recuerdo las caras de espanto, horror, incredulidad y miedo, de los padres de la ‘patria’, que tras recuperar el seny ajustarse los pantalones, treparon hasta la tribuna más próxima desde la que proclamaron su inocencia, –casi al estilo de Pujol, balcón incluido, y aquella nimiedad llamada Banca Catalana–,y exigieron que semejante abominación fuera retirada de los oídos textos y rótulos, so pena de bloquear el nacimiento del nuevo Estatuto de autonomía que la ‘mayoría’ de los catalanes reivindicaban desde la placidez que ofrece un buen día de campo o playa. No tengo constancia de que otro agujero como el del barrio barcelonés haya cumplido la función de espejo en el que reflejar un sinfín de miserias que maquilladas convenientemente, nos habían vendido, –y nosotros adquirido a toca teja–, como una muestra de excelencia, rigor y singularidad. La maldita excepcionalidad. En el siguiente enlace puede apreciar de forma detallada los casos de corrupción en Cataluña https://bit.ly/31ZcVWM

Inmersos en el paralelismo que según pasan las décadas ha ido mutando hacia unas claras líneas convergentes (!), nos vamos hasta Andalucía, una región en la que sus ciudadanos, ya desde los albores preautonómicos, pusieron en manos del PSOE los destinos de la región en la confianza (!) de que nada podría salir mal, y ciertamente todo ha salido tal y como habían planificado las mentes brillantes que habitan los miles de despachos públicos, otra cosa bien distinta es que la región continúe ocupando los últimos puestos en desarrollo y los primeros en desempleo, a pesar de las ingentes cantidades de euros que se destinaron con el fin de paliar tamañas desigualdades. Pero claro, la tarea se presenta casi imposible si desde la administración que tiene las competencias, sus máximos dirigentes se empeñaban en desviar los fondos para mayor gloria propia: Ahí están los casos de corrupción que se han juzgado a la espera de conocer la sentencia y también están los otros que se juzgarán si los dioses están por la labor.
Apunté más arriba mi extrañeza ante el clamoroso silencio de las fuerzas del progreso cuando empezaron a conocerse los asaltos al erario público, las mismas organizaciones que ante el comienzo de una campaña electoral se muestran dispuestas a denunciar el peligro de una victoria de los representantes de las tinieblas, mientras que han mantenido y persisten en ello, un mutis por el foro de proporciones bíblicas cuando el robo ha tocado en la puerta del amigo. No hay constancia de llamamientos para denunciar las alegrías de los ERE, los cursos de formación o el caso de las facturas falsas de cierta organización sindical. Menos aún, tengo noticias de manifestaciones multitudinarias de los trabajadores de la Sanidad pública, que como sus colegas catalanes, viven ajenos a esos asuntos.
Como en el caso anterior, adjunto este enlace para que eche un vistazo general del rostro de hormigón que se han gastado los hombres y mujeres poseídos por el ansia de pillar de la caja ajena andaluza https://cutt.ly/oevrZaQ

Canarias

Como no deseo que nadie afirme que me preocupo de lo lejano y olvido lo próximo, como si las regiones a las que me he referido fueran algo ajeno a mí, dedicaré la última parte de este trabajo al archipiélago asirocado en el que nací y vivo. Siete islas principales, más La Graciosa que junto a dos islas y otros tantosislotes forman el Archipiélago Chinijo.
Desde que el 14 de abril de 1978 se pusiera en marcha la etapa preautonómica confiados como el resto de compatriotas de que emergía una forma descentralizada, más rápida (y más eficaz. Ahora toca reír por no llorar), de gestionar el interés público, la realidad ha mostrado que hasta la fecha esta región ha ido acumulando un sinfín de miserias con merma de mucho dinero, y en algún caso, y tras una larga investigación judicial llegado el momento del juicio, el asunto se solventó y quedó en agua de borrajas: Para satisfacción del delincuente y el enésimo desánimo de las víctimas.

Nuestro casi 155

Transcurridos unos años desde el pistoletazo Pre, llegamos a 1993 con la irrupción –ya venían haciendo ruido enquistados, primero en UCD y luego en CDS–, de uno de los mayores cánceres habidos, el insularismo encarnado en la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), pura derechona, que para disimular y tras la invención en el resto de las islas de otros tantos engendros insularistas que dieron cobijo a los más retrógrado de cada casa, fundó Coalición Canaria, una cáscara sin sustancia a quien aplican varias capas de un nacionalismo inexistente porque de algo había que disfrazarse para presentarse ante el inquilino de La Moncloa como el ogro defensor de la canariedad. A partir de ahí y gracias al apuntalamiento que ofrecen PP y PSOE, cooperadores necesarios para mayor gloria de CC, una de las grandes bisagras que ha pasado por el Congreso de los Diputados, y con quienes gobierna en coalición indistintamente, se adhieren a los despachos de la administración regional durante veintiséis años. Aunque no está directamente relacionado con CC porque sucede cuatro años antes, no me resisto a ofrecerles algunos momentos tan gloriosos, –más bien patéticos–,como el que aconteció en 1989 cuando el por entonces presidente regional, Lorenzo Olarte, recibió el aviso del Gobierno de la nación presidido por Felipe González, de que este estaba dispuesto para aplicar el artículo 155 de la Constitución con el fin de aplacar lo que Madrid entendía como un rebelión fiscal de las Islas. Quiero pensar que en este caso, el gobierno de González quiso mostrar la firmeza que no tuvo hacia Banca Catalana –risas–. El otro chiste tuvo lugar un cuarto de siglo más tarde, en 2014, cuando bajo la presidencia de Paulino Rivero, el gobierno que él preside se pone duro y avisa de que convocará un referéndum para que los canarios nos manifestemos a favor o en contra de los sondeos petrolíferos que Repsol tenía previsto realizar en las costas del Archipiélago, hasta que el Tribunal Constitucional, año 2015, declaró inconstitucional el decreto de octubre de 2014 que para tal fin había convocado el Gobierno regional. También hemos tenido cartelitos con mensajes sutiles, canciones y mucha alegría con banderas. Lo habitual.

En Canarias, al igual que en otras regiones, disfrutamos del dudoso honor de tener entre nosotros a saqueadores de las arcas públicas que como sus colegas peninsulares, han mostrado un afán desmedido por aligerar de peso los cajas, imagino que con la intención de hacer más llevadera la vida de las áreas de la Hacienda municipal, insular o regional. Como en una botica que se precie, por las islas han medrado honrados (!) concejales, virtuosos consejeros y brillantes cargos del Gobierno canario. Si desea ampliar la información sobre las alegrías con los euros, pinche el enlace https://cutt.ly/oevr9Z0
Y como todo llega a su final, hasta aquí he llegado.