jueves, 27 de noviembre de 2025

¿饾棥饾棽饾棸饾棽饾榾饾椂饾榿饾棶饾椇饾椉饾榾 饾棻饾棽饾椆饾椂饾椈饾棸饾槀饾棽饾椈饾榿饾棽饾榾 饾棸饾椉饾椈 饾棽饾榾饾椊铆饾椏饾椂饾榿饾槀 饾椊饾棶饾榿饾椏饾椂贸饾榿饾椂饾棸饾椉?

 



   ¿Hemos llegado al borde de un singular Rubic贸n y surge la pregunta de si deber铆amos acudir al pasado reciente como un bombero al hidrante m谩s cercano donde conectar la manguera que acabe con el voraz incendio? ¿Nos hallamos en la terrible disyuntiva de llamar a las armas a quienes el uso de las mismas es una forma de vida, puesto una parte de aquellos que legalmente pueden hacer uso de las mismas han olvidado hacia d贸nde deben apuntar?

¿La Operaci贸n Underworld -Segunda Guerra Mundial- debe ser la referencia a la que acudir? Tal vez, m谩s que criminales con el esp铆ritu de tierra quemada, habr铆a que evaluar la colaboraci贸n de esos ‘mataos’ (expertos, unos en el menudeo de drogas, otros en pillar al descuido o reventar veh铆culos, y los m谩s avispados, doctorados en el uso de ganz煤as de 煤ltima generaci贸n) que, desde tiempo inmemorial, pululan por las esquinas de nuestros barrios. Esos tipos, los nuestros (!) deber铆an pensar en actualizar sus modus operandi visto que las hordas invasoras llegan con una filosof铆a de ‘trabajo’ que los paisanos s贸lo conocen a trav茅s de la producci贸n hollywoodense, y a nadie se le escapa que la ficci贸n es un trampantojo de la cruda realidad. Pero vayamos por partes, como dir铆a un famoso descuartizador.

   Si analizamos la primera opci贸n, se intuye una gran complejidad dado que ese tipo de organizaci贸n tiene unas ramificaciones internacionales (qui茅n sabe si no cotizan en la Bolsa de 脕msterdam) que complicar铆a su adhesi贸n a este, llamemos, proyecto de liberaci贸n nacional, sobre todo cuando no se puede descartar que la endofobia, consciente o no, habite las neuronas de esos criminales. Al principio menciono el nombre de un proyecto de colaboraci贸n entre la Mafia y el Gobierno estadounidense (1941); primero con el fin de garantizar la seguridad de las instalaciones portuarias yanquis ante posibles sabotajes de infiltrados alemanes y posteriormente, usando la extensa red delictiva de la ‘famiglia’, con el benepl谩cito de Lucky Luciano, Frank Costello o Vito Genovese, en tareas de inteligencia y acciones directas contra el ej茅rcito nazi en Sicilia.

Y si ello fuera posible entre las cuatro paredes de nuestra atribulada naci贸n, ¿cu谩les ser铆an las medidas correctoras a tomar cuando finalizara su colaboraci贸n? ¿Qu茅 se deber铆a hacer para embridar a la bestia? ¿Los ciudadanos libres e iguales deber铆amos constituirnos como poder soberano, redactar un acuerdo que comprometiera a las organizaciones criminales con el fin que se pretende, incluyendo en el mismo alguna que otra cesi贸n, pero sin que las mismas pusieran en peligro el nuevo amanecer?

Si fuera as铆, ser铆a imprescindible contar con el asesoramiento de algunas grandes mentes, que haberlas, haylas. S茅 que me adentro en un jard铆n que al menor titubeo, mutar铆a a ci茅naga, mas s贸lo yerra quien anda ensimismado con el trinar del jilguero, emocionado ante la nevada cordillera o en pleno 茅xtasis frente al espejo, ignorando que suya es la decisi贸n de elegir entre ser un lobo estepario o un cordero silente.

   Ahora me ocupar茅 de la segunda posibilidad, tal vez 茅sta tenga mejor pinta (indico, por si acaso alguien se sobresalta, que este texto no incumple la ley de memoria asintom谩tica, bien al contrario, es un canto a la libertad de expresi贸n, a la fraternidad intergeneracional).

Quienes hemos tenido infancia y disfrutado de ella comedidamente, fuimos testigos del deambular asincr贸nico de gente con una propensi贸n a salirse del plato y no dejar del mismo ni el recuerdo. Algunos fueron amigos de juegos infantiles hasta que una t铆mida sombra se instal贸 en el labio superior; el timbre de la voz no permit铆a imitar la musicalidad del sorteo navide帽o, so pena de que se escapara un pat茅tico gallo arruinando el pavoneo frente a la chica mientras que adoptar, (cuando hab铆as metido la pata hasta el fondo) frente a los padres una cara de alma en pena, cotizaba a la baja.

   Haciendo un ejercicio de imaginaci贸n sin riesgos visibles no resisto la tentaci贸n de ver en la cara de Borillo, que se cas贸 con ella porque ambos estaban aburridos, los atributos de Juan Mart铆n D铆ez, el Empecinado; qu茅 decir de Perico Reyes, con mando sobre las cuatro esquinas polvorientas desde donde se suministraba a quien pagaba, el chocolate de la risa, a 茅l le corresponder铆a adoptar el rol de Dao铆z, mientras que Pacuco el Coc煤o bordar铆a el recuerdo del capit谩n Velarde. Porque a estos seres cuyas almas est谩n pose铆das por el mal hay que recordarles que si quieren seguir delinquiendo en su tierra, deben afrontar que los invasores no tendr谩n piedad de ellos: Ser谩n tan v铆ctimas como el com煤n de los mortales; perder谩n todos aquellos referentes emocionales que en alg煤n momento disfrutaron.

   Tal vez este art铆culo sea el fruto de una insolaci贸n oto帽al; es posible que mi familia lo lea con pavor y termine por regalarme una mantita para las fr铆as noches en la quinta de reposo. Habr谩 alg煤n envidioso que exclame «¡puag!» y otros se alejar谩n de la escena exhibiendo un contoneo grosero y demod茅, pero all谩 ellos, porque un servidor no tiene m谩s compromiso que aquel que emana de la voluntad popular. ¡Ay!





martes, 28 de octubre de 2025

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   Medir谩 un metro cuarenta cent铆metros, pero su actitud, esas inmensas ganas de saber que demostr贸 mientras contaba algunas de las vicisitudes que padece en el colegio, hacen de este ni帽o un tipo inmenso, un chaval de esa hornada que para desesperaci贸n de la zurder铆a patria, ha visto las orejas al lobo del discurso ‘progresista’ a la par que putrefacto.

   En medio de una inmensa cola formada por cientos de personas que esperaban el turno para asistir al mitin de un partido soberanista, destacaba con la ense帽a nacional en posici贸n de capa, una gorra y sus innumerables pulseras rojigualdas. En ese impasse surgi贸 la conversaci贸n con el inestimable apoyo de su madre qui茅n ense帽贸 una foto del v谩stago posando orgullosamente con un libro que explica a los j贸venes qui茅n fue Francisco Franco, y relat贸 c贸mo uno de sus profesores se desesperaba al observar tanto a 茅l como a otros compa帽eros dise帽ando (en una actividad que intenta mantener la tradici贸n canaria de la Noche de los Finados que se celebra la v铆spera de Todos los Santos, cuyo significado no es otro que recordar a los seres queridos que han muerto) peque帽as cajas de f贸sforos en forma de ata煤d con el nombre de Franco. ¡S铆!, esos ‘enanos’ tambi茅n se han puesto a la labor de conocer qui茅n diantres fue ese se帽or bajito y de voz aflautada, y ¡Voto a Br铆os! que el resultado no se lo esperaba ni el mayor de los optimistas. Y debo confesar que una cosa es escuchar que una parte de la juventud espa帽ola se est谩 escorando a la derecha (dando por saco a los Ch茅s de mierda) y otra bien distinta es ser testigo de tal realidad.

   Concluyo esta parte con un detalle bastante gamberro a la par que coherente con el sentir de los ni帽os: En m谩s de una ocasi贸n han destruido la bandera de colorines que ese profesor, que debe andar con una taza de tila cada diez minutos, se empe帽a en colgar en las paredes del aula.

   Adem谩s del protagonista inicial, un padre junto a su hija adolescente contaba el inter茅s de ella por conocer la historia de su naci贸n, esa historia relegada al cuarto de las tachas del instituto. Y si de manipulaci贸n ideol贸gica se trata, ella narr贸 c贸mo llevaron a un grupo de alumnos a una actividad teatral donde el protagonista no fue P茅rez Gald贸s, Calder贸n de la Barca o Tirso de Molina. No, el sol que alumbr贸 la sala teatral fue un fogonazo que responde al nombre de Pedro S谩nchez. Tuve que preguntar un par de veces para asegurarme que no hab铆a sufrido alguna suerte de sicofon铆a urbana. Tambi茅n me interes茅 por conocer el sentir de otros tantos chicos y todos coincid铆an en algo: El aire que respiran es insoportable.

M谩s arriba he dejado constancia de mi grata sorpresa al comprobar que mucha gente joven se entremezclaba con jubilados, medio pensionistas, abuelas y tipos que hab铆an sacrificado su d铆a de descanso para acudir, pero sobre todo, el piber铆o destacaba por su compromiso vital con el pa铆s donde ha nacido y se resiste a dar por finiquitado eso que llaman futuro y que ahora mismo no es m谩s que un presente negro.

   ¿Debemos tener esperanza? Es menester que as铆 sea, mas una reuni贸n multitudinaria puede convertirse en una triste an茅cdota, en el en茅simo brindis al sol, si al d铆a siguiente la 煤nica preocupaci贸n es comprobar que las fotos y v铆deos tienen la calidad suficiente para ser publicadas en las redes sociales.


viernes, 18 de julio de 2025

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   ¿Son buenos porque son pobres que habitan un lugar pobre de solemnidad, rebosante de maldad e ignorante de lo que son las oportunidades y, por tanto, qu茅 mejor soluci贸n que partir hacia un pa铆s, que m谩s que una vieja naci贸n, se vislumbra como una suerte de cuenco que derrama fortuna?

¿O tal vez esas masas ‘hambrientas’ recalan en estos pagos dispuestas a ensordecer, no los ruidos de las tripas, y s铆 las exigencias de unos aut贸ctonos que s贸lo se preocupan por ellos y no sienten ni padecen por esos seres de luz con los que no comparten nada?

Y esa obsesi贸n por regalar la nacionalidad espa帽ola cuando existe una opci贸n que en nada compromete nuestra existencia: Los permisos de trabajo, y por tanto, el de residencia ¿Han pasado a mejor vida porque aquellos que nada tienen en com煤n con nosotros, los espa帽oles, tienen una suerte de sacrosanto derecho a residir entre nosotros sin mayores obligaciones y con todos los derechos?

Sucesos que suceden

¿Los disturbios acaecidos en Torre Pacheco podr铆an considerarse como una acci贸n de falsa bandera? La pregunta viene a cuento porque los tres marroqu铆es implicados en la paliza al espa帽ol, (que ahora declara no querer saber nada del asunto y reclama volver a la ‘normalidad) que fue el desencadenante del hartazgo, no residen en esa localidad murciana. ¿Ha sido mera casualidad? ¿Asistimos a un an谩lisis conspiranoico? O tal vez se ha provocado un incendio para despistar al personal de esos otros asuntillos que est谩n dinamitando los ya endebles cimientos de la Naci贸n espa帽ola.

Pero vayamos al meollo de la cuesti贸n, que esto se pone duro en ausencia de una excitaci贸n, a todas luces fuera de contexto, que lo justifique.

   Corr铆a el a帽o de Nuestro Se帽or de 1550 y la Conquista de Am茅rica segu铆a su curso hasta que fray Bartolom茅 de las Casas –a quien nunca podremos agradecer lo suficiente que encendiera la mecha de la infame Leyenda negra antiespa帽ola- pone el grito en el cielo en relaci贸n a lo que 茅l consideraba como un trato vejatorio del que eran objeto los abor铆genes americanos y ah铆 surgi贸 un hecho hist贸rico, La Controversia de Valladolid, que puso los cimientos de lo que cuatrocientos a帽os m谩s tarde ser铆a conocida como la Declaraci贸n universal de los derechos humanos. Y no, no se asombre, que la monarqu铆a hisp谩nica no era la reserva de la ignorancia y el trogloditismo a este lado de Europa, un continente que no se entiende sin Espa帽a.

   ¿Y qu茅 relaci贸n tiene lo acontecido en el siglo XVI con la invasi贸n de inmigrantes ilegales, sobre todo magreb铆es y subsaharianos que destruye el solar hispano en el siglo XXI? Salvando las distancias, tanto temporales (quinientos a帽os) como 茅ticas y morales, la situaci贸n que desde hace a帽os sufre Espa帽a y padecen en sus carnes los nacionales, se podr铆a asemejar a una especie de controversia fomentada por quienes alientan y se enriquecen con el tr谩fico de personas cuando surgen las voces de aquellos que denuncian la llegada masiva de gentes con unos usos y costumbres absolutamente incompatibles con lo nuestros. Entonces aparecen en escena nuestros famosos l铆deres: Pol铆ticos con un tufo a traidores que tira para atr谩s, las organizaciones progubernamentales, antes conocidas como ‘oeneg茅s’ y las 茅lites globalistas, que exigen el respeto hacia esas legiones de personas ajenas que merecen, afirman con una rotundidad que ni el fraile dominico del XVI, toda la atenci贸n y un trato igualitario hasta el punto que los espa帽oles, en un porcentaje por descubrir, est谩n pasando a engrosar las filas del lumpen pagando, eso s, la ‘fiesta’ que ha ordenado el poder y haciendo realidad el lema ‘agendero’: No tendr谩s nada y ser谩s feliz.

   ¿Y hasta aqu铆 hemos llegado? Depende, todo depende, aunque una cosa deber铆a quedar meridianamente clara y es que sestear mientras la casa se incendia, el barco se hunde o el coche se queda sin frenos, nunca ser谩 una buena idea.


viernes, 17 de enero de 2025

饾棭饾椂饾棽饾椏饾椈饾棽饾榾 饾棻饾棽 饾棽饾椈饾棽饾椏饾椉

 









Hoy se cumplen cincuenta a帽os del robo de las joyas del Pino. Ha transcurrido medio siglo, que dicho as铆, pareciera que el asunto se pierde en la noche de los tiempos o se oculta entre la bruma invernal que cubre la Villa cuando fr铆os y lluvias envuelven el ancho y largo del lugar. Pero resulta que el elefante sigue en la habitaci贸n para disgusto de quien custodiaba las alhajas, que transcurrido el tiempo, no ha exhibido el m铆nimo inter茅s en recordar y reflexionar sobre un hecho tan relevante que traspas贸 -tanto de manera ilegal como sentimental- no s贸lo las puertas de la Bas铆lica de Teror (Gran Canaria), sino que tambi茅n atraves贸 los sentimientos.

Aquella ma帽ana del viernes 17 de enero de 1975 se fue desperezando mientras una llovizna dejaba su impronta en el pavimento terorense y la noticia iba corriendo de boca en boca entre gestos, primero de incredulidad, que con el pasar de las horas se fue transformando en tal enfado, que algunos comenzaron a dirigir su 铆ndice acusador hacia un lugar concreto, por el que desde el a帽o anterior sent铆an desconfianza.

Resulta curioso que este episodio hist贸rico haya levantado el mismo inter茅s literario que las proezas de un ornitorrinco con problemas estomacales, tanto es as铆, que al margen de art铆culos period铆sticos, Mil novecientos 75, novela publicada en 2021 y escrita por un servidor, sea de los escasos trabajos literarios que trata este asunto a medio camino entre la novela hist贸rica y el g茅nero negro.

La justificaci贸n

Cuando en 1974, Jos茅 Antonio Infantes Florido (1920-2005), obispo de la Di贸cesis Canariensis (1967-1978), entiende como una necesidad imperiosa la tasaci贸n de las joyas que exhibe la virgen del Pino en sinton铆a con los aires de cambio que soplan tras el Concilio Vaticano II de cuyo final se hab铆an cumplido nueve a帽os, debe entenderse la publicaci贸n de su instrucci贸n pastoral titulada Las alhajas de la Virgen del Pino. En ese documento, el prelado sevillano comienza explicando que «La actitud misionera es y ha sido siempre el cometido principal de la Iglesia, seg煤n la conocida frase del Concilio Vaticano II de que ella es el signo de la salvaci贸n en Jesucristo», por tanto los mensajes nunca «pueden comunicarse sin el medio apropiado del lenguaje», y ah铆 aparece el binomio que conforman el mensaje y el signo. Y es en los primeros p谩rrafos del documento donde el m谩ximo representante de los cat贸licos de esta parte del Archipi茅lago canario presenta sin ambages la clave de b贸veda de todo su discurso, aunque muy al contrario de lo que ocurre en arquitectura, esa dovela espiritual no transmiti贸 ni en todo ni en parte, las tensiones que estaban por llegar.

Que se empe帽ara en realizar una tasaci贸n de las joyas y que hiciera p煤blico el resultado de la misma formaba parte de ese sentido significante, de tal forma que esas alhajas aparecieran a la vista de muchos, pod铆a entenderse como una contradicci贸n (y por ello, la mejor justificaci贸n ser铆a convertirlas en pesetas contantes y sonantes) ante las «necesidades y problemas de los d茅biles».

El robo

Pero si la pastoral fue el armaz贸n ideol贸gico del que se vali贸 la Iglesia para convencer a los feligreses de que los tiempos estaban cambiando y la transformaci贸n de las joyas en dinero deb铆a ser el camino a seguir, con el resultado conocido, no es menos cierto, que todo lo que rode贸 el robo merece alg煤n comentario. La noche de autos, la Villa de Teror se qued sin suministro el茅ctrico durante tres horas, una aver铆a que es otra de esas casualidades que provocan la risa; luego tenemos el asunto de si la puerta de la Torre amarilla qued贸 abierta o eso fue imposible, tal y como se帽alara en varias ocasiones 脕ngel Ortega Ortega, el entonces monaguillo de la Bas铆lica, por cierto, un edificio que no contaba con un sistema de alarma.

¿Qu茅 hicieron los investigadores con uniforme y toga tras recopilar ‘toda’ la informaci贸n? S茅 que en los archivos de la Jefatura Superior de Polic铆a se custodian cinco documentos ¡Cinco!, alguno tan curioso como la relaci贸n de viajeros del vuelo 50 de Iberia Gran Canaria- El Aai煤n, cuyo capit谩n entreg贸 a la Brigada de Investigaci贸n Criminal el listado de pasajeros del 17 de enero por si acaso. Se cotejaron las huellas dactilares entre lo m谩s brillante del hampa insular, entre ellos se hallaba el tristemente famoso 脕ngel Cabrera Batista, alias El Rubio, que al a帽o siguiente estar铆a implicado en el secuestro del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes D铆az. ¿Y? Pues que jam谩s se juzg贸 a nadie, asaltando la pregunta de si aquello result贸 un robo perfecto o una investigaci贸n deficiente. Tal vez fue el mejor a帽o para asaltar la Bas铆lica -a pesar de que, casi a modo de susurro, el runr煤n sobre la identidad de los posibles ladrones resuene con otra letra y melod铆a- y los peores doce meses de la d茅cada para realizar una exhaustiva investigaci贸n policial: Franco estaba agonizando y los fontaneros del Estado -tanto los activos como aquellos que anhelaban los puestos- andaban ajustando llaves y bajantes.


El 17 de enero de 1975 fue un viernes que amaneci贸 con una llovizna que cubri贸 t铆midamente los barrancos, puentes, azoteas y los corazones de la Villa de Teror. 

Hoy es 17 de enero de 2025, un viernes para recordar que hace cincuenta a帽os, o si lo prefiere, medio siglo, esa acogedora Villa Mariana, epicentro de la religiosidad de Gran Canaria, hace memoria (a pesar de quienes prefieren el olvido) mientras en la Plaza de la Alameda el tiempo transcurre y una brisa acaricia sus piedras.


viernes, 18 de agosto de 2023

饾棖饾椉饾椈饾榾饾椊饾椂饾椏饾棶饾椈饾椉饾椂饾棸饾椉饾榾: 饾棢饾棶 煤饾椆饾榿饾椂饾椇饾棶 饾椆铆饾椈饾棽饾棶 饾棻饾棽 饾棻饾棽饾棾饾棽饾椈饾榾饾棶

 











   La Rep煤blica no se defiende con soflamas y s铆 con actos que no precisan de acciones heroicas, 煤nicamente requiere el compromiso 茅tico de aquellos que denuncian la deriva hacia el caos, el final de la raz贸n, la muerte de todo lo que se cre铆a inamovible porque las manoseadas p谩ginas de nuestra Carta Magna daban fe de ello. Y es que s贸lo un idiota encantado de conocerse, de haberse dejado encandilar por los cantos digitales se sorprende ahora (con la boca chica) de todo lo que ha pasado pero tiene la desfachatez de poner en duda lo que se avecina, porque en toda su inconmensurable estupidez, 茅l conf铆a en las l铆neas de defensa de nuestro Estado de Derecho. Pero resulta que la autodestrucci贸n goza de una salud envidiable cuyo reflejo cegador muestra todo su esplendor en las urnas cuatrienales.

Llegado a este p谩rrafo se me planteaba la duda de d贸nde anclar la cronolog铆a de la humilde reflexi贸n. Baraj茅 la opci贸n de fijar mi atenci贸n en el famoso R茅gimen del 78, pero consider茅 que ser铆a calificado de paranoico am茅n de fascista. Tambi茅n me sedujo la idea de arropar estas l铆neas en el cercano 2020, a帽o que me animo a bautizar como el fundacional de los conspiranoicos, gente insultada, vilipendiada, perseguida y silenciada, pero que a base del tes贸n de quienes dudan -que no est谩n cegados, abducidos ni borrachos- intentan poner pie en pared ante el rodillo de la mal llamada raz贸n de Estado, versi贸n oficial, comit茅 de expertos o decisi贸n emanada del parlamento. Al final, y tras consultar a nadie, he optado por las dos posibilidades. ¡Que Dios me pille confesado y con la cara lavada y reci茅n peinado!



   De 1978 se ha dicho mucho, tanto, que me ahorro el esfuerzo de enumerar los ‘grandes logros’ alcanzados desde aquel postrero a帽o, si bien me resisto a no recordar que de aquellos barros… As铆 que sit煤o el resto de la reflexi贸n en el 2020, unos doce meses que se presentaban interesantes, al menos desde el punto de vista literario porque se conmemoraba el centenario de la muerte de Benito P茅rez Gald贸s, del «maestro de las letras modernas» (Germ谩n Gull贸n). Pero no pudo ser, ni ese homenaje ni cualquier otro asunto que hubiera fijado su fecha en tan funesto a帽o. Desde ese momento y tras el pasmo inicial surgieron voces disidentes, datos fuera del circuito oficial, afirmaciones y dudas que pon铆an en jaque la estrategia del terror, cuyo primer cap铆tulo se intent贸 con el nombre de Gripe A all谩 por el a帽o 2009 para mayor gloria de los laboratorios que hicieron su agosto, y de los gobiernos que dilapidaron miles de millones en dosis que acabaron en la basura, m谩s o menos como ha ocurrido recientemente con el timo covidiano, En aquel a帽o, expertos sin las manos manchadas por los sobornos de la industria farmac茅utica dieron la voz de alarma con mayor 茅xito que catorce a帽os despu茅s porque evidentemente, el fiasco sirvi贸 para mejorar las pautas para la infamia que estaba por llegar, Evento 201 mediante. Por esa 茅poca los conspiranoicos estaban dando la tabarra que era convenientemente silenciada aderezada con insultos chistosos y descalificaciones grotescas. Como ahora, pero en esta ocasi贸n existe un matiz importante: Los conspiranoicos no s贸lo no han disminuido su presi贸n sino que han aumentando el nivel de sus planteamientos a pesar de una bochornosa censura de informativa llevada a cabo por los medios de ‘comunicaci贸n’ con una sonrisa de oreja a oreja y el consiguiente incremento de sus ingresos publicitarios. Ahora son m谩s y est谩n mejor organizados. Su mensaje ha calado en mucha gente porque se funda en la raz贸n (no son perfectos ni infalibles) y jam谩s han utilizado el miedo, herramienta 茅sta que est谩 viviendo un trienio dorado y sobrepasando unos l铆mites nunca vistos. Bueno, tampoco es as铆, digamos que la estrategia fundada en el terror tiene padres conocidos, uno de ellos responde por el nombre de Joseph Goebbels.

   Si de hacer memoria se trata, jam谩s se podr谩 olvidar c贸mo actuaron las fuerzas policiales so pretexto de la plandemia: «Caballero, la mascarilla», -patada en la puerta sin mandamiento judicial, detenidos por pasear por la playa o el campo-, «P贸ngase la mascarilla por el bien com煤n» o qu茅 decir del famoso comit茅 de expertos, uno de los cuales se fue a Portugal a surfear mientras millones de espa帽oles est谩bamos secuestrados en nuestras casas. Hab铆a monstruos agazapados esperando el momento, y ese momento lleg贸.

   Concluyo afirmando que los conspiranoicos est谩n entre nosotros para quedarse. Que pensar fuera del reba帽o es de conspiranoicos, que disentir es de conspiranoicos, que reclamar el respeto y salvaguarda de nuestros derechos fundamentales es de conspiranoicos, que respirar sin tener que pedir permiso es de conspiranoicos y que espero que cualquier s谩trapa que vaya a por nosotros ser谩 pasto de los conspiranoicos, una suerte de 煤ltima l铆nea de defensa de la raz贸n y la libertad… de todos, incluidos aquellos que se burlan de los conspiranoicos y piden el encierro de todos y cada uno de esos seres humanos que han dicho no a la barbarie.



domingo, 18 de junio de 2023

饾棙饾椆 饾椏饾棽饾榾饾槀饾椏饾棿饾椂饾椏 饾棻饾棽 饾棧饾棽饾椏饾椂饾棸饾椉 饾棻饾棽 饾椆饾椉饾榾 饾棧饾棶饾椆饾椉饾榿饾棽饾榾

 








Los espa帽oles tenemos una democracia representativa que est谩 encantada de representarse y representar una suerte de parodia donde lo importante es parecer, mientras nuestros abnegados representantes dilucidan qu茅 nos debe importar, c贸mo debemos comportarnos y a qui茅n debemos respeto fiscal e institucional, con una evidente orfandad de razones en torno al por qu茅 hemos llegado hasta aqu铆. Y mientras callamos -reforzando la representatividad de la cosa- los cimientos de nuestra democracia representativa son inspeccionados por una hornada de alba帽iles que blanden las viejas cucharas.


   Cabr铆a esperar que tras haber disfrutado de la Constituci贸n de 1978, -conocida popularmente como R-78, sin que se pueda afirmar con certeza hist贸rica que George Lucas tuviera algo que ver-, los espa帽oles de bien habr铆amos interiorizado todo el edificio constitucional sin sonrojarnos, pero resulta que no es as铆, y as铆 nos va gracias a la irrupci贸n de las redes sociales. S铆, lector perspicaz, la tecnolog铆a ha hecho estragos en el cuerpo electoral nacional con tal sigilo, que ni nuestras afamadas empresas demosc贸picas fueron capaces de ver el tsunami, 煤nicamente preocupadas por joder el d铆a al encuestado telef贸nico. Ese virus, que describir茅 en breve, est谩 provocando una desbandada; est谩 causando un descr茅dito social al hecho de votar «en persona personalmente».

Llegados a este punto, usted se preguntar谩 qu茅 forma tiene ese intruso para, detectado, dejar caer sobre 茅l todo el peso de la legislaci贸n y as铆 salvaguardar nuestra democracia representativa de los idus fascistas a izquierda. Pues se sorprender谩 al conocer la respuesta: La almohadilla (#). Veamos.

   Resulta que los espa帽oles -perd贸n si molesto, pero ¿De qu茅 otra forma nos 铆bamos a identificar?- llevamos un tiempo algo cabreados, en un porcentaje que dejo en manos de los expertos. Y como andamos as铆, con la moral por el subsuelo, dedicamos parte de nuestro ocio a elucubrar formas de mejorar lo existente (mientras otros piensan c贸mo destrozar todo aquello que molesta al que elucubra). Entre pitos y flautas, retuiteos, memes y v铆deos que no deber铆an superar los tres minutos, lanzamos proclamas esperando que los esp铆ritus afines se unan en torno a nuestro brillante instante, pero hete aqu铆, que quien cre铆as un alma gemela, se descuelga con su luminosa idea y atrapa a m谩s gente que tu parida (datos obtenidos de fuentes de toda solvencia). El tiempo pasa, las decepciones se multiplican y crece la almohadilla. Todos son lemas adheridos a dos l铆neas paralelas que reposan sobre otras tantas verticales, m谩s o menos como esto #QueTeVote… ¿Hac铆a d贸nde diablos nos dirigimos? ¿Cu谩l es el destino de nuestra democracia representativa si quienes est谩n llamados a defenderla (cada cuatro a帽os) teclean esos lemas? ¿Qu茅 deber铆an hacer nuestros representantes elegidos en una democracia representativa para frenar estos impulsos autodestructivos? ¿Acaso estamos ante el resurgir de Perico de los Palotes?

   S茅 que todas estas preguntas tienen respuesta que gustar谩n o no. Soy consciente del hecho diferencial (!) y me duele en las entretelas democr谩ticas que podamos deslizarnos por una pendiente de mensajes y carteler铆a de vivos colores mientras los enemigos de nuestra representativa democracia representativa urden planes cuyo final ser谩 nuestra sumisi贸n. ¿Qu茅 est谩 usted dispuesto a hacer? S贸lo valen respuestas err贸neas con #TecleaEnLibertad




jueves, 23 de febrero de 2023

饾棗饾椂饾榾饾棽饾椈饾榾饾椉 饾棿饾槀饾榾饾榿饾棶 饾棻饾棽饾椆 饾棸饾椉饾椈饾榾饾棽饾椈饾榾饾椉

 








   Tanto tiempo denunciando hasta la afon铆a las miserias que acarrea el «consenso progre» y en la segunda oportunidad e imagino que para sorpresa desagradable de propios, extra帽os y adosados y la adhesi贸n inquebrantable de la masa asociada VOX acoge entre sus brazos al becerro de oro, un tal Ram贸n Tamames. 

Supongo que la decisi贸n ha sido fruto de una reflexi贸n de largo recorrido, hija de debates acalorados y prima hermana de sesudos an谩lisis, tras descubrir el imposible metaf铆sico de hallar un candidato de derechas que fuera capaz de concitar el hasta ayer maldito y hoy anhelado «consenso progre», ¡Diantres!, qu茅 mejor soluci贸n que ungir a Ram贸n, (militante de pro del PCE, creador de la Federaci贸n Progresista y cofundador de Izquierda Unida hasta que se traslad贸 c贸modamente al CDS de Su谩rez), con el 贸leo de la moci贸n, y que sea El Candidato, pero sin llegar al estado de perturbaci贸n descrito en la novela de Richard Condon -The Manchurian Candidate-.

Ahora bien, ¿Qu茅 tiene de malo el pasado? y abundando en el tema ¿Cu谩ntos pasados puede tener un hombre? ¿Acaso es posible igualar los pasados con el n煤mero de chaquetas? Creo que responder adecuadamente puede ayudar a entender el por qu茅 de esta decisi贸n adoptada por quienes habitan la sede de la Calle Bamb煤. 

Pero la misa a煤n no est谩 dicha…

   Hay un aspecto importante que requiere algo de atenci贸n, y que como el mantra del «consenso progre», deber铆a ser la clave de b贸veda del discurso de la derecha espa帽ola: La batalla cultural, una lucha tan amplia y complicada, que el enunciado apenas muestra todo su valor, porque intuyendo el resto de estrategias dise帽adas en c贸modos despachos con el 煤nico fin de socavar los ya debilitados cimientos de nuestra vieja naci贸n, esta puesta en escena cuyos siguientes cap铆tulos se desarrollar谩n en la Carrera de San Jer贸nimo, me 'animan' a bautizar el evento con el sugerente nombre de «El sitio de Tamames».

Para ir despejando dudas, recuerdo que el viejo profesor ha dicho que nones a cuestionar en el discurso cualquier cr铆tica al disparate de la ley de violencia de g茅nero, el aborto, la eutanasia o el Estado de las autonom铆as, unas exigencias (aceptadas por quienes promueven la moci贸n de censura) que evidencian la coherencia ideol贸gica de un candidato que se tapa la nariz con otros postulados de VOX. Pero resulta que esos temas forman parte de los cimientos ideol贸gicos de la organizaci贸n de derechas que hasta ahora parec铆an unas l铆neas rojas que s贸lo merec铆an la destrucci贸n, mas cuando se rinden las armas miga a miga, por detr谩s llega el zampabollos (la izquierda) que no deja ni rastro, las digiere adecuadamente y enarbola las banderolas al uso, provocando la en茅sima toma del palacio invernal.

   Alguien podr铆a se帽alar que son cesiones asumibles cuando lo que se busca es asegurar un bien supremo ―mostrar todas las verg眉enzas del Gobierno actual― ¡Craso error!, porque aspectos kantianos al margen, la situaci贸n se asemeja a la archiconocida raz贸n de Estado, ese agujero negro que se traga cualquier atisbo de decencia por el que, seg煤n quienes la defienden, qu茅 importa defraudar a unos cuantos si consiguen que suene la campana. Pues bien, creo que a pocos se les escapa que esta moci贸n est谩 condenada al fracaso «¡hab铆a que intentarlo!», afirman los convencidos que jam谩s dudan de su l铆der―. Albergo pocas dudas sobre la aparici贸n de alg煤n diputado d铆scolo, ni siquiera de varios que se han dejado la piel en el hemiciclo hasta que han encontrado un nuevo acomodo: Me gustar铆a equivocarme.







En definitiva...

   Sea por nuestra inveterada querencia por el liderazgo mesi谩nico o debido a otras cuestiones que se pierden entre las profundidades abisales de la conciencia colectiva ―salvo los versos sueltos, lo cierto es que farolear, a pesar de conocer c贸mo terminan esas apuestas, vuelve a conducir a los p谩ramos de la decepci贸n. Y a estas alturas de la partida, con m谩s cad谩veres que aficionados, es igual el color del estandarte, porque siempre habr谩 quienes aplaudan con las orejas, los pies o las coderas desgastadas mientras la orquesta artr铆tica de tanta humedad, ameniza el baile. Ellos a lo suyo por el bien de todos aunque la masa est茅 dando boqueadas. Por experiencia sabemos que otros vendr谩n que llenar谩n nuestros esp铆ritus con una dosis de esperanza, que esa vez, s铆, ser谩 la buena.