¿Hemos llegado al borde de un singular Rubic贸n y surge la pregunta de si deber铆amos acudir al pasado reciente como un bombero al hidrante m谩s cercano donde conectar la manguera que acabe con el voraz incendio? ¿Nos hallamos en la terrible disyuntiva de llamar a las armas a quienes el uso de las mismas es una forma de vida, puesto una parte de aquellos que legalmente pueden hacer uso de las mismas han olvidado hacia d贸nde deben apuntar?
¿La Operaci贸n Underworld -Segunda Guerra Mundial- debe ser la referencia a la que acudir? Tal vez, m谩s que criminales con el esp铆ritu de tierra quemada, habr铆a que evaluar la colaboraci贸n de esos ‘mataos’ (expertos, unos en el menudeo de drogas, otros en pillar al descuido o reventar veh铆culos, y los m谩s avispados, doctorados en el uso de ganz煤as de 煤ltima generaci贸n) que, desde tiempo inmemorial, pululan por las esquinas de nuestros barrios. Esos tipos, los nuestros (!) deber铆an pensar en actualizar sus modus operandi visto que las hordas invasoras llegan con una filosof铆a de ‘trabajo’ que los paisanos s贸lo conocen a trav茅s de la producci贸n hollywoodense, y a nadie se le escapa que la ficci贸n es un trampantojo de la cruda realidad. Pero vayamos por partes, como dir铆a un famoso descuartizador.
Si analizamos la primera opci贸n, se intuye una gran complejidad dado que ese tipo de organizaci贸n tiene unas ramificaciones internacionales (qui茅n sabe si no cotizan en la Bolsa de 脕msterdam) que complicar铆a su adhesi贸n a este, llamemos, proyecto de liberaci贸n nacional, sobre todo cuando no se puede descartar que la endofobia, consciente o no, habite las neuronas de esos criminales. Al principio menciono el nombre de un proyecto de colaboraci贸n entre la Mafia y el Gobierno estadounidense (1941); primero con el fin de garantizar la seguridad de las instalaciones portuarias yanquis ante posibles sabotajes de infiltrados alemanes y posteriormente, usando la extensa red delictiva de la ‘famiglia’, con el benepl谩cito de Lucky Luciano, Frank Costello o Vito Genovese, en tareas de inteligencia y acciones directas contra el ej茅rcito nazi en Sicilia.
Y si ello fuera posible entre las cuatro paredes de nuestra atribulada naci贸n, ¿cu谩les ser铆an las medidas correctoras a tomar cuando finalizara su colaboraci贸n? ¿Qu茅 se deber铆a hacer para embridar a la bestia? ¿Los ciudadanos libres e iguales deber铆amos constituirnos como poder soberano, redactar un acuerdo que comprometiera a las organizaciones criminales con el fin que se pretende, incluyendo en el mismo alguna que otra cesi贸n, pero sin que las mismas pusieran en peligro el nuevo amanecer?
Si fuera as铆, ser铆a imprescindible contar con el asesoramiento de algunas grandes mentes, que haberlas, haylas. S茅 que me adentro en un jard铆n que al menor titubeo, mutar铆a a ci茅naga, mas s贸lo yerra quien anda ensimismado con el trinar del jilguero, emocionado ante la nevada cordillera o en pleno 茅xtasis frente al espejo, ignorando que suya es la decisi贸n de elegir entre ser un lobo estepario o un cordero silente.
Ahora me ocupar茅 de la segunda posibilidad, tal vez 茅sta tenga mejor pinta (indico, por si acaso alguien se sobresalta, que este texto no incumple la ley de memoria asintom谩tica, bien al contrario, es un canto a la libertad de expresi贸n, a la fraternidad intergeneracional).
Quienes hemos tenido infancia y disfrutado de ella comedidamente, fuimos testigos del deambular asincr贸nico de gente con una propensi贸n a salirse del plato y no dejar del mismo ni el recuerdo. Algunos fueron amigos de juegos infantiles hasta que una t铆mida sombra se instal贸 en el labio superior; el timbre de la voz no permit铆a imitar la musicalidad del sorteo navide帽o, so pena de que se escapara un pat茅tico gallo arruinando el pavoneo frente a la chica mientras que adoptar, (cuando hab铆as metido la pata hasta el fondo) frente a los padres una cara de alma en pena, cotizaba a la baja.
Haciendo un ejercicio de imaginaci贸n sin riesgos visibles no resisto la tentaci贸n de ver en la cara de Borillo, que se cas贸 con ella porque ambos estaban aburridos, los atributos de Juan Mart铆n D铆ez, el Empecinado; qu茅 decir de Perico Reyes, con mando sobre las cuatro esquinas polvorientas desde donde se suministraba a quien pagaba, el chocolate de la risa, a 茅l le corresponder铆a adoptar el rol de Dao铆z, mientras que Pacuco el Coc煤o bordar铆a el recuerdo del capit谩n Velarde. Porque a estos seres cuyas almas est谩n pose铆das por el mal hay que recordarles que si quieren seguir delinquiendo en su tierra, deben afrontar que los invasores no tendr谩n piedad de ellos: Ser谩n tan v铆ctimas como el com煤n de los mortales; perder谩n todos aquellos referentes emocionales que en alg煤n momento disfrutaron.
Tal vez este art铆culo sea el fruto de una insolaci贸n oto帽al; es posible que mi familia lo lea con pavor y termine por regalarme una mantita para las fr铆as noches en la quinta de reposo. Habr谩 alg煤n envidioso que exclame «¡puag!» y otros se alejar谩n de la escena exhibiendo un contoneo grosero y demod茅, pero all谩 ellos, porque un servidor no tiene m谩s compromiso que aquel que emana de la voluntad popular. ¡Ay!










