sábado, 1 de octubre de 2022

𝗣𝗮𝗿𝗼𝗹𝗲, 𝗽𝗮𝗿𝗼𝗹𝗲...

   


   No existe relación entre el título de este artículo y el alumbrado público, pero sí mucha con Mina Mazzini
y Alberto Lupo y aquel tema musical -Parole, parole (Palabras, palabras)- que vio la luz en los años setenta. Pero no, no dedicaré una línea más a la música porque todo mi saber se centra en un asunto: El futuro de Italia tras el triunfo de la derecha.

   Afirman quienes alardean de poseer toda la sabiduría, que lo ocurrido en la patria de Leonardo no es más que el síntoma de una sociedad enferma; que es vergonzoso que hayan votado cuatro gatos -olvidando que si tal porcentaje de 'mininos' se hubiese decantado por la progresía, habrían confirmado que son unos ciudadanos sensatos, inteligentes amén de atractivos-, y concluyen los apologetas de «la verdad es de izquierdas», que si Dios no lo remedia, tendrán que explorar otros medios que pongan fin a esa locura. Llegados a este punto, se puede afirmar sin miedo, que el pueblo soberano ha tomado el camino equivocado y por tanto no queda otra que reconducir la situación, pero ¿Y si todo esto -la victoria de la derecha- no fuera más que un pésimo intento de ópera bufa, un simple trampantojo con el que narcotizar a los electores? Si la respuesta fuera positiva, el escenario no sería otro que el dibujado por Lampedusa: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Gatopardismo 3.0.

Händel nada tiene que ver

   A pesar de lo que pueda creerse, Georg Friedrich Händel, el compositor de El Mesías, no es británico de nacimiento fue parido en Halle, Alemania, un dato sin importancia para el desarrollo de esta pieza escrita pero que denota el interés del escritor por la música de un hijo adoptado por la Gran Bretaña. Mas, sí existe interés en conocer el por qué de esa pulsión que genera la necesidad inaplazable de tener a nuestra disposición a un ser, que sin apenas esfuerzos, nos convence que irradia una luz especial, que es el portador de la verdad de la buena y que con unos emolumentos, al principio modestos y más adelante ya veremos, promete ser el brazo ejecutor de una venganza aplazada durante siglos. ¿Qué ser bípedo puede resistir tales cantos de sirenas mientras contempla aterrado como se desmoronan «los muros de la patria mía». ¡Efectivamente!


Che cosa sei, che cosa sei, che cosa sei
Cosa sei
Non cambi mai, non cambi mai, non cambi mai
Proprio mai
Adesso ormai ci puoi provare
Chiamami tormento dai, già che ci sei
Caramelle non ne voglio più



   Tal vez sea el escepticismo que ha ido anidando entre los pliegues del corazón el que me hace escribir tan cargado de desánimo, puede ser que a pesar de mis esfuerzos por no caer en los cantos de sirena, casi siempre acabe mordiendo el anzuelo aunque, descubierto el truco, desgarre una parte de mi anatomía para deshacerme de esa trampa. Son esos instantes posteriores y mientras restaño las heridas, que me asaltan los recuerdos de Cosme, un ser humano excepcional que era tal, porque desde su infancia vio claro que con mentiras no se iba a ningún sitio (al menos que se despreciara todo aquello que hace nuestra vida soportable) y que según fue madurando vio claro que o asumía el total de sus miserias o terminaría recostado en cualquier zanja. Cosme, el tipo sin quien la vida de muchos sólo habría adquirido la condición de despojo sin empadronamiento reconocido.


Le rose e i violini
Questa sera raccontali a un'altra
Violini e rose li posso sentire
Quando la cosa mi va, se mi va
Quando è il momente
E dopo si vedrà



   Dicen de Giorgia Meloni -rumores, medias verdades, envidia cochina- que además de tener opciones de convertirse en la primera mujer que presidiría el Consiglio dei Ministri, la susodicha resulta un peligro para la paz mundial, el cambio climático, la democracia que aún podemos disfrutar por la gracia de la izquierda, Draghi, Paco Bergoglio…, y los coches eléctricos, pero sobre todo, Meloni es una amenaza porque con sus ideas cercanas al caos, antepone los intereses nacionales italianos a cualquier idea de orden globalista, agenda mediante. Yo, que de natural soy un ser humano que huye de la violencia en todas sus expresiones, no puedo por menos que reconocer la importancia de llamarse Ernesto sin que por ello pueda sospecharse que tengo un hermano ficticio.


Parole, parole, parole
Parole parole, parole
Parole, parole, parole
Parole, parole, parole
Parole, parole, parole
Soltanto parole
Parole tra noi



   Conviene, no obstante, no perder de vista que una parte de los italianos que todavía residen en el país -se calcula que más de dos millones han dado el portazo- y que decidieron acudir a las urnas, creen que la solución a sus problemas ¿la solución a qué?, bueno, a lo mejor entienden que Meloni representa una vía de… es menos mala que los… o posiblemente el hastío por una realidad putrefacta… Claro que en estos tiempos de sutilezas estilísticas, cualquier tiempo pasado no es más que una historia por contar.


Che cosa sei, che cosa sei, che cosa sei
Cosa sei
Non cambi mai, non cambi mai, non cambi mai
Proprio mai
Nessuno più ti può fermare
Chiamami passione dai, hai visto mai



   Por otro lado, tenemos el papel de la prensa española siempre dispuesta a comer de la mano del amo gubernamental y que se ha lanzado a declarar una alerta antifascista mientras la nación donde venden menos ejemplares que la farola, se hunde ‘plácidamente’ entre susurros norteños y eructos del suroeste. Nuestras élites intelectuales orgánicas debaten del porvenir transalpino, añoran el glamur de napoleónico ¡malditos Daoiz y Velarde! y coinciden en señalar que Meloni es una posibilidad que jamás se dará en España porque los españoles no somos italianos. Y ahí quería llegar desde que empecé con este asunto, porque estimado lector, es el momento de recordar que en algún momento de nuestras vidas hemos dirigido la vista hacia Italia con cierto nivel de suficiencia cada vez que los medios de comunicación se hacían eco del grave problema mafioso, de la corrupción que asolaba a la Democracia Cristiana, de cómo huyó la rata de Bettino Craxi, de los ‘suicidios’ por el tema de Roberto Calvi, El banquero de Dios, la logia masónica P2… Y seguro que ante tal avalancha de miserias no dudamos en afirmar: «Nosotros nunca seremos Italia» Non saremo mai l’Italia.


Caramelle non ne voglio più
La luna ed i grilli
Normalmente mi tengono sveglia
Mentre io voglio dormire e sognare
L'uomo che a volte c'è in te, quando c'è
Che parla meno
Ma può piacere a me



   Lo siento, pero esta pieza no comulga con los cantos de sirenas que vienen de allí y aborrece los berridos españoles, digamos que este artículo es una declaración de intenciones desde una perspectiva (!) preventiva, sin empatía y falto de cualquier vestigio de vergüenza, porque en estos aspectos de la existencia el verbo creer sólo conjuga con mesianismo, latrocinio, pobreza energética, incumplimiento de contrato y estafa piramidal.

Sí, yo quería reflexionar sobre Italia y creo que he logrado mi objetivo sin apenas dejar rastros del estropicio. La demagogia tiene los días contados y quienes cuentan esos días, también.


Parole, parole, parole
Parole, parole, parole
Parole, parole, parole
Parole, parole, parole
Parole, parole soltanto parole
Parole tra noi


domingo, 27 de febrero de 2022

Flatulencias guerreras

Mientras los cerebros de la Unión Europea muestran a Rusia hasta dónde están dispuestos a inmolarse en su defensa de la democracia, ordenando que se iluminen los edificios públicos con los colores de la bandera ucraniana o expulsando de Eurovisión al otrora país de los soviets, la República Federal de Alemania conserva el calor de sus hogares y garantiza que las salchichas tengan 'lumbre' eléctrica en las que freírse. 

Mientras transcurren los días desde el inicio de la invasión rusa y se contabilizan muertes de inocentes y soldados, por los gasoductos estadounidenses y 'putinianos' fluye el maná en múltiples direcciones, llenando las cuentas corrientes de unos y otros, a pesar de las restricciones que anuncian para escarmiento del oso Misha, no obstante, parece que los guardianes occidentales aplican unas medidas suaves, no sea que algún miembro del club cuyo nombre empieza por A, pudiera resfriarse. ¿Extraño? 


Párrafo para el desahogo

¡Es una invasión! ¡Rusia debe pagar por eso! ¡Hay que dar una lección que no olviden jamás! ¡Ucrania es el faro democrático! ¡A sangre y fuego! ¡Que hable la ONU, Bergoglio, la OMS (y sus virus). ¡Qué los mecheros al viento indiquen a Putin el camino del cadalso! ¡Que suene Imagine en un bucle infernal!, ¡Por un 8 de marzo con las tetas apuntando al Kremlin! 


Espacio para el recuerdo

Nuestra memoria es frágil y siempre que lo desea, algo juguetona. Por ejemplo, ¿Recuerda el tremendo enfado que se cogió Estados Unidos por culpa de unos 'pepinos' que la extinta patria de los trabajadores quiso cultivar en Cuba? El año 1962 se acercaba a su final y J. F. Kennedy -el estadista que brillaba más que Luis XIV- vio la oportunidad de poner sus huevos al servicio de la historia universal mostrando el cabreo por tamaño atrevimiento de los comunistas, empeñados (y aquí no bromeo) en joder todo y a todos. Así que como no es plato de gusto que se acerquen a tu casa y amenacen con hacerla añicos, dio un golpe en la mesa, no importa en cual, y dijo: ¡Que vengan los hombres del presidente! 

Joder, cuando Nikita Jrushchov -que al parecer nunca hizo una zapateado en la sede de la ONU- se enteró del cabreo presidencial yanqui, habló con el carnicero Fidel y más o menos le dijo esto: «Tú ya sabes que te quiero, pero yo quiero más a mi madre, así que trasplanto los pepinos y me los llevo de vuelta». Y la crisis pasó a convertirse en una ligera fiebre. 

Pues bien, en el caso que nos ocupa hay ciertas similitudes. La OTAN se pone chula y se acerca a Ucrania a quien ofrece pepinos a bajo precio además de otro tipo de regalos y el Putin que las ve venir, porque el tipo domina el materialismo histórico que ríete de Engels y Plejánov, pega un alarido que se escucha en Karelia. Los hombres del presidente ruso, cuyos tímpanos se recuperan, se sientan alrededor de un fuego de campamento a -30º sin camisa y en pantalón corto. Se miran a los ojos, Putin se observa la entrepierna, y tras unos instantes de desasosiego como si fuera fruto de una reacción nuclear, todos gritan al unísono: «¡El gas!» y con menos ímpetu pero atrapado una emoción casi incontenible, Ulianov no puede evitar decir: «Ucrania será nuestra Cuba, la tumba de la NATO» -el tipo domina el inglés-. Todos aplauden a rabiar, se abrazan pero hasta cierto punto, y luego sin pensar mucho se lanzan a las congeladas aguas de un lago. No importa cuál. 

«Yo creo que esto va de defender la sin par democracia ucraniana de las garras rusas», comentan en los foros del progreso. «Pues según he leído en el BOE, el Gobierno español pondrá en marcha su «Disuasión de defensa no ofensiva con perspectiva de género y resiliencias varias», susurran en tabernas septentrionales.

Y mientras el sabio pueblo que habita la Tierra enciende palmatorias, compra bombillos rojos y amarillos (no se confundan con la bandera regional de Canarias), y maldicen a Putin -que es un hijo de puta-, en la República Federal de Alemania el calor no cesa, las empresas gasistas de EE. UU. y Rusia no saben dónde guardar el pastizal, la UE baraja prohibir la venta de discos de Alejandro Sanz al país agresor, usted y yo no sabemos cómo diablos pagar la factura eléctrica o qué podemos hacer ante la ruina que se nos viene encima. Por cierto, no sufra en exceso, porque quienes detentan el verdadero poder se están descojonando al otro lado del telón mientras planean la siguiente epidemia, la enésima crisis y la próxima campaña solidaria. 

Ya sé que todo es más complejo, pero ¡coño!, déjeme ser un verso suelto.


sábado, 19 de febrero de 2022

La felicidad emboscada

   No existe peor costumbre que ignorar las señales que indican la llegada de un tiempo nuevo a pesar de que algunos se empeñen en avisar que tales aires renovadores no son otra cosa que una amplia gama de aromas pútridos que arrasaron vidas y haciendas durante aquellas décadas alocadas que abrasaron el siglo XX. A pesar de los pesares, hay cabezas obcecadas por avisar del engaño que siempre terminan causando una ridícula muesca en las piedras del templo más cercano que generan las risas de unos pocos y la vergüenza del entorno familiar siempre proclive a ofrecer el sacrificio de uno de los suyos en el altar del progreso. Y ahí quería llegar.

Desconozco si usted es o simplemente parece, pero por si acaso advierto que estas líneas pretenden ahondar en la comprensión de un fenómeno de naturaleza ideológica apuntado líneas arriba y con el que hemos aprendido a convivir porque sí, porque es lo correcto; porque la historia es hija del avance; porque nos ha alimentado, vestido, educado, emparejado, abortado, arruinado, liquidado, embrutecido y hasta borrado del mapa en poco más de una centuria. ¡Diantres!, y como si fuera una bendición sin posibilidad de devolución al remitente, el ecosistema progresista persiste en su convicción de que sin ellos todo será presa del caos: Regresaremos a una caverna sin sombras que nos confundan y seremos devorados desde los cimientos de nuestras callosidades por presencias malignas, antes dueños absolutos del capital, y desde ese instante carceleros del averno, y es así porque en el pecado llevamos la penitencia.

Y dicen todo eso mientras reparten las migajas de las bacanales que ellos dan en llamar redistribución de la riqueza. Agrupémonos todos… puesto que ellos nos hablan, legislan y abochornan desde esa superioridad moral, ética, estética y sobrenatural de la que son depositarios gracias a los éxitos obtenidos por la revolución rusa que eliminó las colas para entrar en la URSS (y resto del universo del camarada Lenin) pero creó las filas de ciudadanos propios ante comercios que, si había suerte, dispensaban el peor tabaco, la carne (risas) casi menguante y el resto de productos alimenticios que hicieron fecundar el Estado de los soviets hasta que –malditos desagradecidos–, un borracho y otros tipos con más sesera dijeron aquello de «Esto es todo, tovarich». Y el personal soviético-ruso de toda la vida que miraba perplejo al televisor, frente a un escaparate repleto de productos occidentales –cabrones– posiblemente haciéndose preguntas, si bien ninguna de ellas sería esta: «¿Qué pasará con los avances de nuestro querido socialismo?». Espeluznante.

   Se puede hablar largo y tendido de lo que acontece en España con la certeza absoluta de que cualquier valoración está condenada al ostracismo, insultos varios y ataques de gota de las masas críticas que no admiten, por ir contra natura, el menor cuestionamiento de cómo diablos entienden que debe ser vivir en una democracia y menos aún qué hacer cuando alcanzan el poder, ése que siempre está en las manos equivocadas. Como ejemplo sin fisuras sirva este lema reciente que tanta pupa ha hecho: Comunismo o Libertad y el fundido en negro que reflejan sus rostros tan poco acostumbrados a estas verdades del barquero, desconocedores de lo que significa aceptar otras ideas porque simplemente no conciben el respeto al discrepante…

Como sea que no pretendo ir más allá de la esquina por miedo a ser pasto de miradas lujuriosas y comentarios procaces, sepa usted que aquí se acaba lo que había en la confianza de que existe unanimidad, al menos en mi núcleo familiar, al afirmar que la ideología de izquierdas -no importan sus variantes- es uno de los mayores virus que ha ocasionado una pandemia no declarada como tal por el conocido chiringuito pseudosaludable. No busque mejunjes para protegerse, esa peste con disfraz de felicidad emboscada se cura huyendo del miedo y plantando cara. Y sí, son ellos o nosotros.


lunes, 27 de diciembre de 2021

Según qué valido, habemus regem

Habitamos instantes confusos, minutos elásticos, horas que no alcanzan las en punto y semanas que concluyen un lunes antes de tiempo. 

Pero además, y ahí deseo llegar, entre los restos del confeti, turrones mordisqueados y botellas a medio vaciar de este 2021 que agoniza, si cabe, con menos garbo que su predecesor, emerge una suerte de edificio constitucional cuyo origen se remonta a… y del que no existe explicación alguna en nuestra Carta Magna nacida en ese lejano, olvidado y a veces por manoseado, convertido en un mantecoso año de Nuestro Señor de 1978.

En tal construcción fantasma ubicada en el solar denominado Título II. De la Corona, se han ido adosando cubículos desde los que el monarca de turno -dos, hasta el momento-, ha movido y mueve con discutible garbo su cuerpo al andar, mientras observa el ir y venir de validos con sus archiconocidos colchones, que entran en La Moncloa con amplia sonrisa y abandonan la estancia en pos de un futuro giratorio. 

¡Acabe con esta agonía!, –grita un observador. 

Concluyo, –respondo al impaciente. 

Quiero decir y digo, que ante las críticas dirigidas a Felipe VI por lo que muchos ciudadanos entienden como el progresivo abandono de su compromiso activo en defensa del orden constitucional -recuerdan su discurso ante el golpe de Estado del Gobierno regional catalán (2017)-, han vuelto a la decepción, cabreo y algo peor: la indiferencia, tras oír su alocución del pasado 24 de diciembre. 


En defensa del monarca, unos dicen que poco más puede hacer considerando los límites que marca la Constitución; otros añaden a la justificación anterior un aspecto, casi un matiz propio de un funambulista que me ha ¿sorprendido?. Dicen esos ciudadanos que el rey está obligado a tragar con los fundamentos ideológicos que defiende el actual Gobierno, porque de lo contrario, el Ejecutivo haría tal presión sobre la testa coronada que no habría AVE que lo llevara a Roma. 

Tras analizar el comentario, consultar a mi oráculo de cabecera, encuestar a tres vecinos y alimentarme equilibradamente, he alcanzado toda la luz del conocimiento habido. Y digo:

No es tiempo de agachar la cabeza, caer en el desánimo o que la desesperación haga mella en nosotros. Nuestro monarca jamás nos ha traicionado o dejado en manos de chavales cuya ideología promueve la implantación de un régimen totalitario -comunismo-, porque el hijo del «legítimo heredero de la dinastía histórica» (art. 57 CE) no es así. Resulta que él, Felipe, actúa según quién habite las estancias 'monclovitas'. Por ejemplo, que hay un golpe de Estado, pues él ocupa la franja de máxima audiencia televisiva y con gesto serio y regio a más no poder, exige la toma de medidas que aborten tamaño atentado a nuestro Estado democrático. 

Luego, tenemos aquella situación -la actual- donde un Gobierno apoyado por lo más rastrero y traidor del panorama 'político' continental, está pisoteando cualquier texto que huela a Constitución -importándole un pimiento que el Tribunal Constitucional declare ilegal los estados de alarma y el cierre del Parlamento-, ¿Qué hace el Borbón?, pues aunque parezca que adopta la táctica del camaleón, 'hable' como un camaleón y nos mire a los ojos como un camaleón, realmente su intención es hacer de muro de contención hasta que un gobierno que aparente ser de derechas acceda con su colchón al recinto palaciego -Moncloa mediante-, entonces esa será la señal que volverá a nuestro monarca un tipo dispuesto a jugarse nuestros cuartos por defender: 

¡Atención! por veinticinco céntimos, cuál es la respuesta correcta…

La Constitución

El legado Borbón

La Agenda 2030  -si hubiera elecciones anticipadas-

O sea, que gracias a ese edificio constitucional al que me referí al comienzo, cabe el dudoso honor de que nuestra vieja Nación haya asentado los cimientos de una nueva Monarquía Hispánica en la que el rey adoptará aires de monarca según sea el valido. 

Sé que algunos sentirán que este texto resulta un ataque a vaya usted a saber qué. Es probable que estas líneas se la sude a más de diez y hasta cabe la posibilidad que los olvidos sean el preludio de un adiós, del afamado «Ya lo sabía» y del no menos conocido «¿Qué te había dicho?». 


sábado, 31 de julio de 2021

El ‘efecto’ Vladimir(o)

En esta ocasión no me perderé por los cerros de Úbeda, directamente traslado el golpe de l teclado en dirección a los cerros de Cabras, Amotape y a uno cuyo nombre no parece el más apropiado para los tiempos que están por venir: el cerro Viva Perú.Y sí, esta reflexión se instala en la patria de César Vallejo.

No obstante, y como no soy un tipo perfecto, entro en materia usando una de esas frases literarias que han pasado a la historia: ¿”En qué momento se había jodido el Perú”?, producto de otro escritor peruano no menos conocido, Vargas Llosa. 

Pero aquí no queda el asunto, puesto que a ese interrogante que lanza el Santiago Zavala de Conversación en La Catedral mientras observa el paisaje y paisanaje de la limeña avenida Tacna, y en un acto de atrevimiento jamás visto, le aplico un golpe fronto-lateral con aire chipionero que transformado en afirmación dejo al pairo de ese árido clima que envuelve a la metrópolis: Perú se acabó por culpa de tanto Vladimiro.

Me explico

Resulta que quien fuera asesor (hombre de total confianza, muñidor de asuntos varios e ideólogo de otras tantas miserias del ex presidente Alberto Fujimori prisión por violación de derechos humanos, corrupción o malversación de caudales públicosque también reside en el ‘hotel las rejas’ condenado por algún que otro ‘exceso’ como fue la matanza de Barrios Altos, responde al nombre de Vladimiro Illich Lenin Montesinos Torres. 

Y antes de que usted se pregunte adónde quiero llegar, le informo que quien maneja las riendas del inútil de Pedro Castillo, recién estrenado presidente del Perú, resulta que fue bautizado como Vladimir Roy Cerrón Rojas, un tipo éste, cuyo padre fue miembro de Sendero Luminoso a quien el Ejército peruano pasaportó a otra dimensión, y de quien se afirma –de Cerrón- que es un hombre con ciertos ramalazos que recuerdan al padrecito Stalin. 

Dicho lo anterior, alguien podría gritar escandalizado amén de señalar con el dedo índice de alguna mano a este humilde periodista, acusándolo de demonizar a todo aquel que se llame Vladimir(o)Nada más lejos de mis intenciones, puesto que yo conocí al dueño de un bar que se llamaba Vladimir quien casi siempre me atendió con una sonrisa, hasta que un día me cansé de ese puñetero gesto rebosante de hipocresía soviética y trasladé mis finanzas para el asueto espirituoso a un lugar con mejor clima.

Regreso a Hispanoamérica

¿Este segundo Vladimir será el responsable de que la República de Perú se vaya deslizando hacia el agujero marxista-leninista de la historia reciente? ¿Insinúo que el nombramiento de los miembros del Gobierno no sólo no presagia nada bueno, sino que algunos analistas cuentan que, por ejemplo, el flamante Primer ministro resulta un ser humano algo refractario al sistema democrático y gran admirador de Sendero Luminoso, ese grupo terrorista de inspiración maoísta (joder, y ahora llega la pregunta retórica: ¿Realmente alguien se puede sentir atraído por el psicópata chino?) que sembró el terror en todo lo que tocaron. ¿Es posible que los dólares hayan empezado a fugarse con rumbo desconocido?, porque no hay nada más miedoso que el dinero, más si cabe cuando la burricie representada por Castillo dejó caer que pretendían nacionalizar (robar) los fondos de pensiones.

Sea lo que sea (que seguro, será) el efecto Vladimir(o) ha vuelto, no a la Casa de Pizarro, hasta ahora la residencia presidencial, pero sea cual sea el echadero elegido por estas mentes privilegiadas, seguro que ofrecerán grandes momentos inolvidables con sus patrias y sus muertes, que siempre –oh casualidad– son las muertes de los otros.


domingo, 18 de julio de 2021

Consonante ultraperiférica

No tengo la menor duda y si la tuviera no soy consciente de ella, que cada región puede presumir de contar entre sus hijos ilustres con lo más granado de la corrupción territorial, pero en el caso de que alguien se mostrara en desacuerdo con esta afirmación, sería de agradecer que los mosqueados abrieran puertas, ventanas, cajones, baldosas, losas de hormigón e informes actualizados de la Unión de Bancos Suizos (y de paraísos fiscales) donde confirme que el susodicho no tiene ni ha tenido –al menos que ellos recuerden (a los suizos me refiero)– ni un céntimo de euro en alguno de los bancos que jalonan la geografía helvética, islas del Canal y territorio continental de Norteamérica.


Como esta reflexión no tiene intención alguna de ser un ejemplo enciclopédico del ecosistema en el que habitan los ladrones de todo pelaje, me limitaré a hacer un breve comentario centrando el mismo en Canarias. Sí, en ese archipiélago atlántico que usted conoce de oídas: da igual sin nació en él, reside de forma accidental o lo ha sobrevolado cuando se dirigía a dónde sea que fuera. 

Estas líneas vienen a cuento tras recordar que durante mucho tiempo dos políticos de idéntica consonante inicial, llegaron a convertirse en los capos del establo que llegó a ser –y así continúa– la gestión de la cosa pública que se hacía y se hace entre las grietas volcánicas de estos peñascos. Ellos lo fueron todo, cortaban todo el bacalao; desmenuzaban hasta el último rincón del presupuesto público –se llama dinero de los contribuyentes–; no se les escapaba vivo ningún asunto, lo mordían todo; influyeron con sus actas de diputados regionales en la composición del Gobierno canario. Han sido condenados a penas de prisión, a devolver el dinero, a esto y a lo otro, que diría el poeta. Recurso va, recurso viene…

Pero siendo ellos casi el ejemplo paradigmático de lo que es convertirse en un pequeño dios, no parece que sus pesares con la ley haya amedrentado a esos que están a verlas venir.

Decía que estos tipos comparten consonante, no así un veterano de largo recorrido que tras pasar un ligero calvario y abandonar la organización en la que pació tan alegremente, recuperó el tino y volvió a la carga. Ahí está, tan ricamente pactando y sonando. Ahí anda, dejando caer, bueno más bien, estampando contra la cúpula celeste, sus intenciones de dar el gran salto y enroscarse en la poltrona regional. A tal fin, ha comenzado su ronda de encuentros con lo más granado –entiéndase la ironía– del panorama chaquetero macaronésico con el fin, siempre noble, de alcanzar las tan necesarias alianzas que, llegado el caso democrático, impulsara sus posaderas rumbo a las sedes (que en Canarias somos muy originales y generosos con el dinero ajeno, y en lugar de uno, tenemos dos echaderos presidenciales en Tenerife y Gran Canaria, respectivamente) de la Presidencia regional. 

Dice el líder periférico, que él pretende expandir su proyecto político al resto de las islas y claro, me viene la risa y el recuerdo se me llena de las Agrupaciones Independientes de Canarias allá por las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX, uno de los inventos más nefastos y repugnantes que han pululado por las urnas canarias. Un ejemplo de lo peor del insularismo recalcitrante –no existe el insularismo progresista, lo digo para evitar ataquitos– que destrozó a esta región. 

¿Quiénes serían los compañeros de esta travesía, que desde la ultraperiferia iría hacia el centro y de allí cual núcleo cegador, se irradiaría a todas partes? Bueno, pues ‘visto’ lo oido y como apunté más arriba, tipos ex, o sea, individuos que han estado allí, luego más acá; se han pasado un rato, luego que ni allí ni acá y ahora valoran desplazarse hacia allá o hasta aquí. 

En fin, esto irá tan rápido como veloz sean los acuerdos que se concreten y que siempre giran en torno a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, aspecto éste que va desde asegurarse la consejería tal, la viceconsejería cual o la dirección general tal cual. Y una piña asada.

miércoles, 14 de julio de 2021

El Estado adormidera

El 25 de junio publiqué https://cutt.ly/ImFJay5, un artículo en el que reflexionaba en torno al triste papel que está desempeñando Felipe VI en estos momentos tan cruciales para la historia de España. 

Lejos de mejorar, la situación ha ido empeorando con tal rapidez que dieciséis meses después del inicio de eso que han dado en llamar pandemia, nos encontramos con un Estado más debilitado y una parte de la sociedad adormecida, aterrorizada y dispuesta a tragar lo que sea que ordenen las supuestas autoridades que, dicen, sólo legislan teniendo como horizonte el bien común, claro está que habría que dilucidar dónde sitúan la línea curva por la que aparece el Sol.

Que el título de esta pieza sea el que es y no otro más acorde con el compadreo que caracteriza el panorama periodístico nacional –casi invento el término necional– resulta de la observación del entorno, que en estos meses ha pasado de mostrar que la sangre corría por sus venas (al menos hasta febrero de 2020), hasta convertirse en una especie de sesteo permanente a la manera de los efectos que causa el consumo de la adormidera, diría que España se ha convertido en un fumadero de opio como aquellos que destrozaron a los chinos del siglo XIX. Y no parece que vayamos a sublevarnos, al menos esa pinta tiene cada vez que paseo por las calles de mi ciudad y observo que más del noventa por ciento de mis convecinos no se quita el bozal ni para tomar un café. El miedo ha hecho mella, el pánico al supuesto virus maldito ha conseguido adormecer. Hemos pasado del viejo latiguillo que sesenta años atrás hacía las veces de verdad absoluta: “Lo escuché en el parte de Radio Nacional”, al gesto serio de quien se siente informado y convencido de estar siendo tratado como un adulto: “Dice la web del Gobierno que quienes no se vacunen pueden matarnos”. Y entran unas ganas terribles de dormir porque ellos se sienten unos buenos ciudadanos comprometidos con la salud de todos, no como esos desgraciados que van sin mascarilla, denuncian que los hospitales están más vacíos que un puticlub decimonónico –quién sabe– y encima gritan exigiendo libertad y derecho a moverse por su país. ¡Una locura!

¿Continuar dormidos?

De nada sirve que el Tribunal Constitucional haya decidido emitir su fallo en torno a la legalidad del estado de Alarma de 2020 con un ligero retraso que sólo alcanza algo más de doce meses; de poco sirve que ese fallo haya sido contrario a los deseos del Gobierno, pero únicamente un poco, dado que los magistrados han concluido que esa inconstitucionalidad es sólo de la puntita nada más, que el resto es todo Carta Magna. ¿Resulta un triunfo?, hombre, tampoco seré yo el primero en ponerme exquisito y gritar ¡Farfala Vendetta! emulando al vástago del Actor secundario Bob. Es una patada en la entrepierna monclovita que ha rozado el huevo izquierdo del psicópata que allí reside, pero de ahí a ser la señal definitiva que lleve a esta gente a suplicar el perdón, va un barranco por el que, estoy convencido, no se lanzaría niel muñidor con peluquín.

España va camino de un desastre y tal afirmación no requiere ser un tertuliano de amplio espectro; esta vieja nación se está enfrentando a su destrucción con la anuencia de una gran parte de la población atrapada entre los segundos sofocos del estío y el goteo perverso de una información manipulada que habla de muertos, olas, cepas y ceporros. Y por esas casualidades históricas, la que fuera la perla del Imperio, Cuba, esa isla que tanto tiene que ver con nosotros, con algún abuelo que fue y en algún caso no regresó, se ha levantado ante la tiranía, aunque el final de momento sea una incertidumbre.

Me gustaría que los españoles –no sé cuántos– fuéramos capaces de dar un golpe en la mesa y salir del sopor; de gritar más allá de la pantalla del ordenador, incluso, de salir a la calle que ya es hora, porque la dignidad jamás se podrá defender siendo un chivato 'covidiano', un indolente del a ver qué pasa o un oráculo con la cabeza pegada allí mismo.

La elección pasa por continuar durmiendo o despertar de esta puñetera pesadilla de la que no podemos culpar a nadie que no seamos nosotros. El dedo acusador pasó a la historia.