jueves, 27 de noviembre de 2025

¿饾棥饾棽饾棸饾棽饾榾饾椂饾榿饾棶饾椇饾椉饾榾 饾棻饾棽饾椆饾椂饾椈饾棸饾槀饾棽饾椈饾榿饾棽饾榾 饾棸饾椉饾椈 饾棽饾榾饾椊铆饾椏饾椂饾榿饾槀 饾椊饾棶饾榿饾椏饾椂贸饾榿饾椂饾棸饾椉?

 



   ¿Hemos llegado al borde de un singular Rubic贸n y surge la pregunta de si deber铆amos acudir al pasado reciente como un bombero al hidrante m谩s cercano donde conectar la manguera que acabe con el voraz incendio? ¿Nos hallamos en la terrible disyuntiva de llamar a las armas a quienes el uso de las mismas es una forma de vida, puesto una parte de aquellos que legalmente pueden hacer uso de las mismas han olvidado hacia d贸nde deben apuntar?

¿La Operaci贸n Underworld -Segunda Guerra Mundial- debe ser la referencia a la que acudir? Tal vez, m谩s que criminales con el esp铆ritu de tierra quemada, habr铆a que evaluar la colaboraci贸n de esos ‘mataos’ (expertos, unos en el menudeo de drogas, otros en pillar al descuido o reventar veh铆culos, y los m谩s avispados, doctorados en el uso de ganz煤as de 煤ltima generaci贸n) que, desde tiempo inmemorial, pululan por las esquinas de nuestros barrios. Esos tipos, los nuestros (!) deber铆an pensar en actualizar sus modus operandi visto que las hordas invasoras llegan con una filosof铆a de ‘trabajo’ que los paisanos s贸lo conocen a trav茅s de la producci贸n hollywoodense, y a nadie se le escapa que la ficci贸n es un trampantojo de la cruda realidad. Pero vayamos por partes, como dir铆a un famoso descuartizador.

   Si analizamos la primera opci贸n, se intuye una gran complejidad dado que ese tipo de organizaci贸n tiene unas ramificaciones internacionales (qui茅n sabe si no cotizan en la Bolsa de 脕msterdam) que complicar铆a su adhesi贸n a este, llamemos, proyecto de liberaci贸n nacional, sobre todo cuando no se puede descartar que la endofobia, consciente o no, habite las neuronas de esos criminales. Al principio menciono el nombre de un proyecto de colaboraci贸n entre la Mafia y el Gobierno estadounidense (1941); primero con el fin de garantizar la seguridad de las instalaciones portuarias yanquis ante posibles sabotajes de infiltrados alemanes y posteriormente, usando la extensa red delictiva de la ‘famiglia’, con el benepl谩cito de Lucky Luciano, Frank Costello o Vito Genovese, en tareas de inteligencia y acciones directas contra el ej茅rcito nazi en Sicilia.

Y si ello fuera posible entre las cuatro paredes de nuestra atribulada naci贸n, ¿cu谩les ser铆an las medidas correctoras a tomar cuando finalizara su colaboraci贸n? ¿Qu茅 se deber铆a hacer para embridar a la bestia? ¿Los ciudadanos libres e iguales deber铆amos constituirnos como poder soberano, redactar un acuerdo que comprometiera a las organizaciones criminales con el fin que se pretende, incluyendo en el mismo alguna que otra cesi贸n, pero sin que las mismas pusieran en peligro el nuevo amanecer?

Si fuera as铆, ser铆a imprescindible contar con el asesoramiento de algunas grandes mentes, que haberlas, haylas. S茅 que me adentro en un jard铆n que al menor titubeo, mutar铆a a ci茅naga, mas s贸lo yerra quien anda ensimismado con el trinar del jilguero, emocionado ante la nevada cordillera o en pleno 茅xtasis frente al espejo, ignorando que suya es la decisi贸n de elegir entre ser un lobo estepario o un cordero silente.

   Ahora me ocupar茅 de la segunda posibilidad, tal vez 茅sta tenga mejor pinta (indico, por si acaso alguien se sobresalta, que este texto no incumple la ley de memoria asintom谩tica, bien al contrario, es un canto a la libertad de expresi贸n, a la fraternidad intergeneracional).

Quienes hemos tenido infancia y disfrutado de ella comedidamente, fuimos testigos del deambular asincr贸nico de gente con una propensi贸n a salirse del plato y no dejar del mismo ni el recuerdo. Algunos fueron amigos de juegos infantiles hasta que una t铆mida sombra se instal贸 en el labio superior; el timbre de la voz no permit铆a imitar la musicalidad del sorteo navide帽o, so pena de que se escapara un pat茅tico gallo arruinando el pavoneo frente a la chica mientras que adoptar, (cuando hab铆as metido la pata hasta el fondo) frente a los padres una cara de alma en pena, cotizaba a la baja.

   Haciendo un ejercicio de imaginaci贸n sin riesgos visibles no resisto la tentaci贸n de ver en la cara de Borillo, que se cas贸 con ella porque ambos estaban aburridos, los atributos de Juan Mart铆n D铆ez, el Empecinado; qu茅 decir de Perico Reyes, con mando sobre las cuatro esquinas polvorientas desde donde se suministraba a quien pagaba, el chocolate de la risa, a 茅l le corresponder铆a adoptar el rol de Dao铆z, mientras que Pacuco el Coc煤o bordar铆a el recuerdo del capit谩n Velarde. Porque a estos seres cuyas almas est谩n pose铆das por el mal hay que recordarles que si quieren seguir delinquiendo en su tierra, deben afrontar que los invasores no tendr谩n piedad de ellos: Ser谩n tan v铆ctimas como el com煤n de los mortales; perder谩n todos aquellos referentes emocionales que en alg煤n momento disfrutaron.

   Tal vez este art铆culo sea el fruto de una insolaci贸n oto帽al; es posible que mi familia lo lea con pavor y termine por regalarme una mantita para las fr铆as noches en la quinta de reposo. Habr谩 alg煤n envidioso que exclame «¡puag!» y otros se alejar谩n de la escena exhibiendo un contoneo grosero y demod茅, pero all谩 ellos, porque un servidor no tiene m谩s compromiso que aquel que emana de la voluntad popular. ¡Ay!





martes, 28 de octubre de 2025

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   Medir谩 un metro cuarenta cent铆metros, pero su actitud, esas inmensas ganas de saber que demostr贸 mientras contaba algunas de las vicisitudes que padece en el colegio, hacen de este ni帽o un tipo inmenso, un chaval de esa hornada que para desesperaci贸n de la zurder铆a patria, ha visto las orejas al lobo del discurso ‘progresista’ a la par que putrefacto.

   En medio de una inmensa cola formada por cientos de personas que esperaban el turno para asistir al mitin de un partido soberanista, destacaba con la ense帽a nacional en posici贸n de capa, una gorra y sus innumerables pulseras rojigualdas. En ese impasse surgi贸 la conversaci贸n con el inestimable apoyo de su madre qui茅n ense帽贸 una foto del v谩stago posando orgullosamente con un libro que explica a los j贸venes qui茅n fue Francisco Franco, y relat贸 c贸mo uno de sus profesores se desesperaba al observar tanto a 茅l como a otros compa帽eros dise帽ando (en una actividad que intenta mantener la tradici贸n canaria de la Noche de los Finados que se celebra la v铆spera de Todos los Santos, cuyo significado no es otro que recordar a los seres queridos que han muerto) peque帽as cajas de f贸sforos en forma de ata煤d con el nombre de Franco. ¡S铆!, esos ‘enanos’ tambi茅n se han puesto a la labor de conocer qui茅n diantres fue ese se帽or bajito y de voz aflautada, y ¡Voto a Br铆os! que el resultado no se lo esperaba ni el mayor de los optimistas. Y debo confesar que una cosa es escuchar que una parte de la juventud espa帽ola se est谩 escorando a la derecha (dando por saco a los Ch茅s de mierda) y otra bien distinta es ser testigo de tal realidad.

   Concluyo esta parte con un detalle bastante gamberro a la par que coherente con el sentir de los ni帽os: En m谩s de una ocasi贸n han destruido la bandera de colorines que ese profesor, que debe andar con una taza de tila cada diez minutos, se empe帽a en colgar en las paredes del aula.

   Adem谩s del protagonista inicial, un padre junto a su hija adolescente contaba el inter茅s de ella por conocer la historia de su naci贸n, esa historia relegada al cuarto de las tachas del instituto. Y si de manipulaci贸n ideol贸gica se trata, ella narr贸 c贸mo llevaron a un grupo de alumnos a una actividad teatral donde el protagonista no fue P茅rez Gald贸s, Calder贸n de la Barca o Tirso de Molina. No, el sol que alumbr贸 la sala teatral fue un fogonazo que responde al nombre de Pedro S谩nchez. Tuve que preguntar un par de veces para asegurarme que no hab铆a sufrido alguna suerte de sicofon铆a urbana. Tambi茅n me interes茅 por conocer el sentir de otros tantos chicos y todos coincid铆an en algo: El aire que respiran es insoportable.

M谩s arriba he dejado constancia de mi grata sorpresa al comprobar que mucha gente joven se entremezclaba con jubilados, medio pensionistas, abuelas y tipos que hab铆an sacrificado su d铆a de descanso para acudir, pero sobre todo, el piber铆o destacaba por su compromiso vital con el pa铆s donde ha nacido y se resiste a dar por finiquitado eso que llaman futuro y que ahora mismo no es m谩s que un presente negro.

   ¿Debemos tener esperanza? Es menester que as铆 sea, mas una reuni贸n multitudinaria puede convertirse en una triste an茅cdota, en el en茅simo brindis al sol, si al d铆a siguiente la 煤nica preocupaci贸n es comprobar que las fotos y v铆deos tienen la calidad suficiente para ser publicadas en las redes sociales.


viernes, 18 de julio de 2025

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   ¿Son buenos porque son pobres que habitan un lugar pobre de solemnidad, rebosante de maldad e ignorante de lo que son las oportunidades y, por tanto, qu茅 mejor soluci贸n que partir hacia un pa铆s, que m谩s que una vieja naci贸n, se vislumbra como una suerte de cuenco que derrama fortuna?

¿O tal vez esas masas ‘hambrientas’ recalan en estos pagos dispuestas a ensordecer, no los ruidos de las tripas, y s铆 las exigencias de unos aut贸ctonos que s贸lo se preocupan por ellos y no sienten ni padecen por esos seres de luz con los que no comparten nada?

Y esa obsesi贸n por regalar la nacionalidad espa帽ola cuando existe una opci贸n que en nada compromete nuestra existencia: Los permisos de trabajo, y por tanto, el de residencia ¿Han pasado a mejor vida porque aquellos que nada tienen en com煤n con nosotros, los espa帽oles, tienen una suerte de sacrosanto derecho a residir entre nosotros sin mayores obligaciones y con todos los derechos?

Sucesos que suceden

¿Los disturbios acaecidos en Torre Pacheco podr铆an considerarse como una acci贸n de falsa bandera? La pregunta viene a cuento porque los tres marroqu铆es implicados en la paliza al espa帽ol, (que ahora declara no querer saber nada del asunto y reclama volver a la ‘normalidad) que fue el desencadenante del hartazgo, no residen en esa localidad murciana. ¿Ha sido mera casualidad? ¿Asistimos a un an谩lisis conspiranoico? O tal vez se ha provocado un incendio para despistar al personal de esos otros asuntillos que est谩n dinamitando los ya endebles cimientos de la Naci贸n espa帽ola.

Pero vayamos al meollo de la cuesti贸n, que esto se pone duro en ausencia de una excitaci贸n, a todas luces fuera de contexto, que lo justifique.

   Corr铆a el a帽o de Nuestro Se帽or de 1550 y la Conquista de Am茅rica segu铆a su curso hasta que fray Bartolom茅 de las Casas –a quien nunca podremos agradecer lo suficiente que encendiera la mecha de la infame Leyenda negra antiespa帽ola- pone el grito en el cielo en relaci贸n a lo que 茅l consideraba como un trato vejatorio del que eran objeto los abor铆genes americanos y ah铆 surgi贸 un hecho hist贸rico, La Controversia de Valladolid, que puso los cimientos de lo que cuatrocientos a帽os m谩s tarde ser铆a conocida como la Declaraci贸n universal de los derechos humanos. Y no, no se asombre, que la monarqu铆a hisp谩nica no era la reserva de la ignorancia y el trogloditismo a este lado de Europa, un continente que no se entiende sin Espa帽a.

   ¿Y qu茅 relaci贸n tiene lo acontecido en el siglo XVI con la invasi贸n de inmigrantes ilegales, sobre todo magreb铆es y subsaharianos que destruye el solar hispano en el siglo XXI? Salvando las distancias, tanto temporales (quinientos a帽os) como 茅ticas y morales, la situaci贸n que desde hace a帽os sufre Espa帽a y padecen en sus carnes los nacionales, se podr铆a asemejar a una especie de controversia fomentada por quienes alientan y se enriquecen con el tr谩fico de personas cuando surgen las voces de aquellos que denuncian la llegada masiva de gentes con unos usos y costumbres absolutamente incompatibles con lo nuestros. Entonces aparecen en escena nuestros famosos l铆deres: Pol铆ticos con un tufo a traidores que tira para atr谩s, las organizaciones progubernamentales, antes conocidas como ‘oeneg茅s’ y las 茅lites globalistas, que exigen el respeto hacia esas legiones de personas ajenas que merecen, afirman con una rotundidad que ni el fraile dominico del XVI, toda la atenci贸n y un trato igualitario hasta el punto que los espa帽oles, en un porcentaje por descubrir, est谩n pasando a engrosar las filas del lumpen pagando, eso s, la ‘fiesta’ que ha ordenado el poder y haciendo realidad el lema ‘agendero’: No tendr谩s nada y ser谩s feliz.

   ¿Y hasta aqu铆 hemos llegado? Depende, todo depende, aunque una cosa deber铆a quedar meridianamente clara y es que sestear mientras la casa se incendia, el barco se hunde o el coche se queda sin frenos, nunca ser谩 una buena idea.


viernes, 17 de enero de 2025

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Hoy se cumplen cincuenta a帽os del robo de las joyas del Pino. Ha transcurrido medio siglo, que dicho as铆, pareciera que el asunto se pierde en la noche de los tiempos o se oculta entre la bruma invernal que cubre la Villa cuando fr铆os y lluvias envuelven el ancho y largo del lugar. Pero resulta que el elefante sigue en la habitaci贸n para disgusto de quien custodiaba las alhajas, que transcurrido el tiempo, no ha exhibido el m铆nimo inter茅s en recordar y reflexionar sobre un hecho tan relevante que traspas贸 -tanto de manera ilegal como sentimental- no s贸lo las puertas de la Bas铆lica de Teror (Gran Canaria), sino que tambi茅n atraves贸 los sentimientos.

Aquella ma帽ana del viernes 17 de enero de 1975 se fue desperezando mientras una llovizna dejaba su impronta en el pavimento terorense y la noticia iba corriendo de boca en boca entre gestos, primero de incredulidad, que con el pasar de las horas se fue transformando en tal enfado, que algunos comenzaron a dirigir su 铆ndice acusador hacia un lugar concreto, por el que desde el a帽o anterior sent铆an desconfianza.

Resulta curioso que este episodio hist贸rico haya levantado el mismo inter茅s literario que las proezas de un ornitorrinco con problemas estomacales, tanto es as铆, que al margen de art铆culos period铆sticos, Mil novecientos 75, novela publicada en 2021 y escrita por un servidor, sea de los escasos trabajos literarios que trata este asunto a medio camino entre la novela hist贸rica y el g茅nero negro.

La justificaci贸n

Cuando en 1974, Jos茅 Antonio Infantes Florido (1920-2005), obispo de la Di贸cesis Canariensis (1967-1978), entiende como una necesidad imperiosa la tasaci贸n de las joyas que exhibe la virgen del Pino en sinton铆a con los aires de cambio que soplan tras el Concilio Vaticano II de cuyo final se hab铆an cumplido nueve a帽os, debe entenderse la publicaci贸n de su instrucci贸n pastoral titulada Las alhajas de la Virgen del Pino. En ese documento, el prelado sevillano comienza explicando que «La actitud misionera es y ha sido siempre el cometido principal de la Iglesia, seg煤n la conocida frase del Concilio Vaticano II de que ella es el signo de la salvaci贸n en Jesucristo», por tanto los mensajes nunca «pueden comunicarse sin el medio apropiado del lenguaje», y ah铆 aparece el binomio que conforman el mensaje y el signo. Y es en los primeros p谩rrafos del documento donde el m谩ximo representante de los cat贸licos de esta parte del Archipi茅lago canario presenta sin ambages la clave de b贸veda de todo su discurso, aunque muy al contrario de lo que ocurre en arquitectura, esa dovela espiritual no transmiti贸 ni en todo ni en parte, las tensiones que estaban por llegar.

Que se empe帽ara en realizar una tasaci贸n de las joyas y que hiciera p煤blico el resultado de la misma formaba parte de ese sentido significante, de tal forma que esas alhajas aparecieran a la vista de muchos, pod铆a entenderse como una contradicci贸n (y por ello, la mejor justificaci贸n ser铆a convertirlas en pesetas contantes y sonantes) ante las «necesidades y problemas de los d茅biles».

El robo

Pero si la pastoral fue el armaz贸n ideol贸gico del que se vali贸 la Iglesia para convencer a los feligreses de que los tiempos estaban cambiando y la transformaci贸n de las joyas en dinero deb铆a ser el camino a seguir, con el resultado conocido, no es menos cierto, que todo lo que rode贸 el robo merece alg煤n comentario. La noche de autos, la Villa de Teror se qued sin suministro el茅ctrico durante tres horas, una aver铆a que es otra de esas casualidades que provocan la risa; luego tenemos el asunto de si la puerta de la Torre amarilla qued贸 abierta o eso fue imposible, tal y como se帽alara en varias ocasiones 脕ngel Ortega Ortega, el entonces monaguillo de la Bas铆lica, por cierto, un edificio que no contaba con un sistema de alarma.

¿Qu茅 hicieron los investigadores con uniforme y toga tras recopilar ‘toda’ la informaci贸n? S茅 que en los archivos de la Jefatura Superior de Polic铆a se custodian cinco documentos ¡Cinco!, alguno tan curioso como la relaci贸n de viajeros del vuelo 50 de Iberia Gran Canaria- El Aai煤n, cuyo capit谩n entreg贸 a la Brigada de Investigaci贸n Criminal el listado de pasajeros del 17 de enero por si acaso. Se cotejaron las huellas dactilares entre lo m谩s brillante del hampa insular, entre ellos se hallaba el tristemente famoso 脕ngel Cabrera Batista, alias El Rubio, que al a帽o siguiente estar铆a implicado en el secuestro del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes D铆az. ¿Y? Pues que jam谩s se juzg贸 a nadie, asaltando la pregunta de si aquello result贸 un robo perfecto o una investigaci贸n deficiente. Tal vez fue el mejor a帽o para asaltar la Bas铆lica -a pesar de que, casi a modo de susurro, el runr煤n sobre la identidad de los posibles ladrones resuene con otra letra y melod铆a- y los peores doce meses de la d茅cada para realizar una exhaustiva investigaci贸n policial: Franco estaba agonizando y los fontaneros del Estado -tanto los activos como aquellos que anhelaban los puestos- andaban ajustando llaves y bajantes.


El 17 de enero de 1975 fue un viernes que amaneci贸 con una llovizna que cubri贸 t铆midamente los barrancos, puentes, azoteas y los corazones de la Villa de Teror. 

Hoy es 17 de enero de 2025, un viernes para recordar que hace cincuenta a帽os, o si lo prefiere, medio siglo, esa acogedora Villa Mariana, epicentro de la religiosidad de Gran Canaria, hace memoria (a pesar de quienes prefieren el olvido) mientras en la Plaza de la Alameda el tiempo transcurre y una brisa acaricia sus piedras.